La lluvia llora por tus ojos hermosos. Secuestrado el sol por densas brumas que golosean con el algodón de su sábana.
Metalizado el día,
desprende brillos nacarados en un verde esmeralda que luce desde el fondo.
Acaricia el aroma de un césped recién cortado.
Hermosos versos que corretean con el chapoteo de risas infantiles
mientras calla la cortina del agua sus velos y tules.
Frío se ha quedado mi cuerpo,
contemplando tus bellas nubes.
Se acercan con huellas finas
de damas elegantes y gracias miles.
Las soplan tus vientos,
las engola el mar rico en matices,
las engalana con collares
y rompen aguas pariendo días felices.
Duerme el estío, seco y tórrido,
lánguida bagatela,
espejismo de un momento corto.
Carraspean las ganas
y tose la voz al pronto,
se sueña con un otoño cercano,
acariciando ya su contorno.
Aires de nuevos bríos,
música, canción, partituras
desplegadas por el camino.
Tiemblan las hojas,
peligrando su manto verde,
lustroso su ropaje,
temiendo su desnudo.
Claudia Ballester Grifo
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