HISTORIAS DE LA POSVERDAD.
PROYECTO TANZANIA.
Axel y Danna corrían por la sabana desnudos y libres. Los amuletos colgaban de sus cuellos reafirmando su posición en el grupo. El largo cabello de ella le hacía cosquillas en la nariz, casi la alcanzaba, pero sus quiebros la convertían en presa imposible.
El hermoso Serengueti se abría ante ellos con todos los recursos del Kilimanjaro.
El río venía crecido por las lluvias de los últimos días. Se formaban lagunas que las aves zancudas aprovechaban. Los jóvenes se lanzaron al frescor del agua con la alegría que concedía su vitalidad.
Danna se deslizaba como una sirena en el espejo de un líquido que no tenía secretos para ella.
A Axel le gustaba observarla. Esa mujer lo volvía loco. Su estilizada figura se recortaba en la superficie, flotando como una pluma con la fuerza de un despliegue de velas a pleno pulmón.
Un empujón le libró de sus pensamientos sumergiéndolo en la verde ambarina sustancia. La socarrona risa identificó el cuerpo atlético de Jan. El azul de sus ojos refulgía en la bruma calurosa del mediodía. Se le unió Arlet, lanzada, de un salto al agua.
Los cuatro amigos disfrutaban del baño antes de la comida que el Clan había organizado. Se debatirían asuntos importantes y la convención se alargaría hasta la noche.
Su vida, despreocupada, les regalaba la espontaneidad de correrías y aventuras. Desde niños seguían las directrices de los cazadores y crecían con la sabiduría del depredador recolector...
Claudia Ballester Grifo
domingo, 31 de mayo de 2020
HISTORIAS DE LA POSVERDAD.
Marta se despertó con el sabor de su último vino. La fiesta había bailado toda la noche y amanecía cuando abrazó su almohada.
El sol alcanzaba su cenit y se estrellaba contra sus ojos produciendo una terrible jaqueca. El zumbido del móvil la sobresaltó. Tenía hora en el ambulatorio para ponerse una vacuna. Tiempo justo de darse una ducha y tomar algo.
Dejó correr el agua caliente sobre su nuca. El jabón ahuecaba sus dedos masajeando el cuero cabelludo. Las imágenes se le cruzaban como flashes. Los amigos cerrando filas con ella. Ya era doctora. La vida le sonreía y ella se sentía muy agradecida.
Enjabonó su cuerpo con aromas de fresa y dejó que el agua,más fresca, le ayudará a despejarse.
Se ciñó unos vaqueros y un básico rojo que repicada sobre sus mejillas encendiéndolas como amapolas. Se ató sus Converse y dejó que su largo cabello secara suelto.
Aseó la habitación y se preparó un bocadillo de jamón y queso. Tragó un analgésico con el zumo de naranja y tras lavarse los dientes cerró la puerta de casa.
Puntual a su cita, las buenas tardes le sonreían en la cara. Aguja subcutánea en perfil de plástico. Aséptica sustancia que se inocula por prudencía sanitaria.
Con un rápido y eficiente movimiento la enfermera le deja un algodón con alcohol y Marta se despide resuelta.
10 años después, Marta está sentada en su consulta atendiendo a una pareja joven que intenta formar una familia y no hay manera.
Las pruebas confirman la esterilidad de ambos. El golpe es brutal. La pareja se abraza conmocionada mientras la doctora les habla de otras posibilidades. Un día más de malas noticias. Ha visto derramar tantas lágrimas...
Volvió a su casa rendida. Hugo la recibió con la cena preparada y una copa de vino. Sus miradas se encontraron como cada día, reforzando las ganas de su tiempo.
Se fueron a la cama de puntillas, deslizando sus cuerpos entre sábanas de raso celeste. Él besó su frente, ella se acuclilló sobre su lado. No tenían hijos, eran infértiles. El mundo sufría una pandemia donde la natalidad era un milagro.
Claudia Ballester Grifo
Marta se despertó con el sabor de su último vino. La fiesta había bailado toda la noche y amanecía cuando abrazó su almohada.
El sol alcanzaba su cenit y se estrellaba contra sus ojos produciendo una terrible jaqueca. El zumbido del móvil la sobresaltó. Tenía hora en el ambulatorio para ponerse una vacuna. Tiempo justo de darse una ducha y tomar algo.
Dejó correr el agua caliente sobre su nuca. El jabón ahuecaba sus dedos masajeando el cuero cabelludo. Las imágenes se le cruzaban como flashes. Los amigos cerrando filas con ella. Ya era doctora. La vida le sonreía y ella se sentía muy agradecida.
Enjabonó su cuerpo con aromas de fresa y dejó que el agua,más fresca, le ayudará a despejarse.
Se ciñó unos vaqueros y un básico rojo que repicada sobre sus mejillas encendiéndolas como amapolas. Se ató sus Converse y dejó que su largo cabello secara suelto.
Aseó la habitación y se preparó un bocadillo de jamón y queso. Tragó un analgésico con el zumo de naranja y tras lavarse los dientes cerró la puerta de casa.
Puntual a su cita, las buenas tardes le sonreían en la cara. Aguja subcutánea en perfil de plástico. Aséptica sustancia que se inocula por prudencía sanitaria.
Con un rápido y eficiente movimiento la enfermera le deja un algodón con alcohol y Marta se despide resuelta.
10 años después, Marta está sentada en su consulta atendiendo a una pareja joven que intenta formar una familia y no hay manera.
Las pruebas confirman la esterilidad de ambos. El golpe es brutal. La pareja se abraza conmocionada mientras la doctora les habla de otras posibilidades. Un día más de malas noticias. Ha visto derramar tantas lágrimas...
Volvió a su casa rendida. Hugo la recibió con la cena preparada y una copa de vino. Sus miradas se encontraron como cada día, reforzando las ganas de su tiempo.
Se fueron a la cama de puntillas, deslizando sus cuerpos entre sábanas de raso celeste. Él besó su frente, ella se acuclilló sobre su lado. No tenían hijos, eran infértiles. El mundo sufría una pandemia donde la natalidad era un milagro.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 30 de mayo de 2020
LA ESPERA.
Desmayada en la barra de un bar. Cruzando la frontera de la espera. Aliento que cruza la puerta en cada vista que furtiva se aprieta.
Mirada de soslayo, trampeando la lectura de tinta negra.
Se acerba la atención en el noticiario, la mente divagando otras arenas.
No puede girar más lenta la aguja que clava su fuga, ni aguanta el pulso el que ve congeladas sus quimeras.
El cortado pierde su calor en la historia de una cita que no llega.
Se divagan cuentos y secuestra el azucarillo una cuchara en huelga.
Muerde el traperio un murmullo de repetidas celadas sin respuesta.
Es la norma, levantar la vista en cada roce que cruje la franela de la puerta.
Languidece la tarde luciendo sábanas de raso, blancas, de novia.
Es el azul el que aparece como fulgurante láser que destella, apagando los bríos de la duda que se adueña.
Fija la mirada en la sonrisa que se acerca. Brasas que se arrugan en el periódico que como humo exhala.
Se ahogan las horas en un naufragio de época y aletean nuevos bríos con las golondrinas de la inocencia.
¡HOLA!
Y con su voz se derrite un mar de olas bravas.
Un sunami de estrellas explotan en el encuentro de un sol con su luna adorada.
Marte derrite su rojo y Saturno regala sus anillos de hielo, templando su alianza.
Él la mira y ella desborda la fragancia que la esclaviza, nunca la espera fue más grata.
Claudia Ballester Grifo
Desmayada en la barra de un bar. Cruzando la frontera de la espera. Aliento que cruza la puerta en cada vista que furtiva se aprieta.
Mirada de soslayo, trampeando la lectura de tinta negra.
Se acerba la atención en el noticiario, la mente divagando otras arenas.
No puede girar más lenta la aguja que clava su fuga, ni aguanta el pulso el que ve congeladas sus quimeras.
El cortado pierde su calor en la historia de una cita que no llega.
Se divagan cuentos y secuestra el azucarillo una cuchara en huelga.
Muerde el traperio un murmullo de repetidas celadas sin respuesta.
Es la norma, levantar la vista en cada roce que cruje la franela de la puerta.
Languidece la tarde luciendo sábanas de raso, blancas, de novia.
Es el azul el que aparece como fulgurante láser que destella, apagando los bríos de la duda que se adueña.
Fija la mirada en la sonrisa que se acerca. Brasas que se arrugan en el periódico que como humo exhala.
Se ahogan las horas en un naufragio de época y aletean nuevos bríos con las golondrinas de la inocencia.
¡HOLA!
Y con su voz se derrite un mar de olas bravas.
Un sunami de estrellas explotan en el encuentro de un sol con su luna adorada.
Marte derrite su rojo y Saturno regala sus anillos de hielo, templando su alianza.
Él la mira y ella desborda la fragancia que la esclaviza, nunca la espera fue más grata.
Claudia Ballester Grifo
LLEGASTE.
El vacío de mi soledad abrazado a la esperanza.
Piso de alquiler, despacho alejado del hogar y la añoranza.
En sus lisas paredes, descarnadas y tristes, descuidadas; se planeaban ilusiones y expectativas de un mañana.
Convivía la juventud y las ganas con los retos y desafíos que la vida entregaba.
Estancía desolada, parca en muebles, espartana.
Colgaba el frío con temblor de escarcha,
en un invierno crudo sin fuego que caldeara la llama.
Desolación en guantes de lana, soplando las manos el fuelle del ánimo que se crecía con la desgracia.
Ingenua, colegiala del destino que se presenta sin llamar a la puerta, desconectado el timbre de su alarma.
Rozó el amor con abrazo dudoso, bailando una melodía que se escribía a tiempo.
Brilló la timidez en su sonrisa, caldeando la desnudez de una vivienda sin vida.
Llegó el rayo cabalgando su belleza, luz que invadía con decisión sin medir fuerza.
Se hizo regalo el hombre para llenar el vacío del hielo, cuajando el beso en el vaho de su aliento, en el crepitar de su mirada.
Llegó la primavera luciendo de verde el calado de sus lienzos.
Inundaron los trinos las cestas de alegría.
Abrieron los toneles, grifos de tinto, sabor a la madera de sus barricas.
Ya no llora el corazón soledad baldía.
El amor perla las frentes, orillan las flores dos manos que se buscan.
Claudia Ballester Grifo
El vacío de mi soledad abrazado a la esperanza.
Piso de alquiler, despacho alejado del hogar y la añoranza.
En sus lisas paredes, descarnadas y tristes, descuidadas; se planeaban ilusiones y expectativas de un mañana.
Convivía la juventud y las ganas con los retos y desafíos que la vida entregaba.
Estancía desolada, parca en muebles, espartana.
Colgaba el frío con temblor de escarcha,
en un invierno crudo sin fuego que caldeara la llama.
Desolación en guantes de lana, soplando las manos el fuelle del ánimo que se crecía con la desgracia.
Ingenua, colegiala del destino que se presenta sin llamar a la puerta, desconectado el timbre de su alarma.
Rozó el amor con abrazo dudoso, bailando una melodía que se escribía a tiempo.
Brilló la timidez en su sonrisa, caldeando la desnudez de una vivienda sin vida.
Llegó el rayo cabalgando su belleza, luz que invadía con decisión sin medir fuerza.
Se hizo regalo el hombre para llenar el vacío del hielo, cuajando el beso en el vaho de su aliento, en el crepitar de su mirada.
Llegó la primavera luciendo de verde el calado de sus lienzos.
Inundaron los trinos las cestas de alegría.
Abrieron los toneles, grifos de tinto, sabor a la madera de sus barricas.
Ya no llora el corazón soledad baldía.
El amor perla las frentes, orillan las flores dos manos que se buscan.
Claudia Ballester Grifo
viernes, 29 de mayo de 2020
ANESTESIA LOCAL.
Pensé que se podía rezar cuando la tensión atenaza el cuerpo.
Pensé intentar varios principios sin proseguir ninguno.
Pensé repetir el circuito, rindiéndome a un techo de cal que se abría como un mundo.
Pensé adentrarme en el lienzo para dibujar figuras amables. Descubrí la sonrisa de una luz, argenta y distante.
Rendida al látigo que se levanta, muerde el dolor pidiendo disculpas por su mala cara. Cierro los ojos y me precipito en mi silencio de flores. Esa música de color que empalaga mis sentidos y que, por momentos, me traslada a verdes y olores.
Escapo del tedioso encierro de ese momento cruel, amigo que no busco.
Aferradas mis manos a la mesa, siamesa de mi espalda.
Aprieto y aprieto... Espejo de metal que me amordaza.
Vuela el ángel de mi mirada, adormeciendo un cuerpo
que se eleva y viaja.
Claudia Ballester Grifo
Pensé que se podía rezar cuando la tensión atenaza el cuerpo.
Pensé intentar varios principios sin proseguir ninguno.
Pensé repetir el circuito, rindiéndome a un techo de cal que se abría como un mundo.
Pensé adentrarme en el lienzo para dibujar figuras amables. Descubrí la sonrisa de una luz, argenta y distante.
Rendida al látigo que se levanta, muerde el dolor pidiendo disculpas por su mala cara. Cierro los ojos y me precipito en mi silencio de flores. Esa música de color que empalaga mis sentidos y que, por momentos, me traslada a verdes y olores.
Escapo del tedioso encierro de ese momento cruel, amigo que no busco.
Aferradas mis manos a la mesa, siamesa de mi espalda.
Aprieto y aprieto... Espejo de metal que me amordaza.
Vuela el ángel de mi mirada, adormeciendo un cuerpo
que se eleva y viaja.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 28 de mayo de 2020
¿ESTAMOS LOCOS?
Se relame la tarde la duermevela de un estómago lleno y una partida de cartas.
Cabezadas somnolientas de ojos que achispan y bajan el telón de sus armas.
Sopor de brisa que baila la cortina y embelesa con su gasa. El trinar de las avecillas siempre en comparsa.
Detalle de un tiempo, fetiche del que persigue sin causa.
Rueda el asfalto la marcha opaca, del que se desliza en un velcro de cinta gris y parda.
Rueda la fusta en la olla de la bruja.
Se mueve el embuste y la farsa.
Desgaste de dientes en rosario de esperanza, en un veneno, bazofia de la política nefasta.
Bruma que ciega lo diáfano de la luz deseada. Oquedad en la sombra del que insulta porque puede, sin palabra.
Vergonzosa artimaña de prostíbulo de las más altas finanzas.
No hay vergüenza para quien no la siente y se alimenta de su bonanza.
Mente clara, lengua difusa, bífida y reptiliana.
Llora el sentir sus horas paganas. Se derrama la sangre de la política nacida desde la cuna de la gracia.
Sonajero que alienta y remueve ímpetu y esperanza. Biberón y peluche que creció con las ganas.
Queriendo ser ayuda se convierte en amenaza el que toma su cargo como matarife y a su pueblo no guarda.
No hay tanto pañuelo para desborde de lágrima. Es una traición tener que oír bravatas de colegio y patio de trenzas y guiños al cuento de la ignorancia.
Calle el cielo y ruja el bravo mar en su danza.
Batallas y guerra que se gana en las jaulas. Es el parlamento un vicio de pistolón y tableta de Mafalda. No río las ganas de tanta imbecilidad, sueldos escandalosos y en el ruedo, estocada.
Claudia Ballester Grifo
ROSA NEGRA.
Lagarta es la palabra que utiliza el amo que la asfixia para que escupa falacia y mentira.
Yugo del que estruja el jugo del que derrama bilis, verde, pero no de esperanza.
Tal vez acompañe el pardo, cercano al marrón tierra de nadie.
Impactados están los oídos de chanzas y bravatas.
Vergüenza del que ocupa gobierno y se mantiene en pelea de gallos, pujando por el que gana.
Sonríe la vileza de mirada sarcástica, descolgado carrillo de flaca tersura que másculla, empuja e insulta el decoro y la diplomacia.
Se atropella la escalada de escándalos que apostilla una crónica de democracia sectaria. El que tiene el poder lo usa con los ojos del que lo alcanza. Es tiempo de que alguien le repita que el que gobierna no pide cuentas de lo que pasa. Es él, el que rendir debiera, asuntos de tan gran importancia.
Tiemblan los tribunales las reyertas de una política que no se aclara.
Pesan los muertos y lloran las familias solas y desconcertadas.
Nadie ayuda en un torbellino de causas. La deriva indolente detrás de una, otra, otra y... No se acaba.
Control de redes, televisiones y prensa. Tenazas que aprietan, estrangulan y cortan.
Llora la rosa de negro luto. Se poda la savia que alimenta el rosal para que el esqueje se mustie, se rinda su cuello, deshidratado por el agua que se reduce.
Claudia Ballester Grifo
Lagarta es la palabra que utiliza el amo que la asfixia para que escupa falacia y mentira.
Yugo del que estruja el jugo del que derrama bilis, verde, pero no de esperanza.
Tal vez acompañe el pardo, cercano al marrón tierra de nadie.
Impactados están los oídos de chanzas y bravatas.
Vergüenza del que ocupa gobierno y se mantiene en pelea de gallos, pujando por el que gana.
Sonríe la vileza de mirada sarcástica, descolgado carrillo de flaca tersura que másculla, empuja e insulta el decoro y la diplomacia.
Se atropella la escalada de escándalos que apostilla una crónica de democracia sectaria. El que tiene el poder lo usa con los ojos del que lo alcanza. Es tiempo de que alguien le repita que el que gobierna no pide cuentas de lo que pasa. Es él, el que rendir debiera, asuntos de tan gran importancia.
Tiemblan los tribunales las reyertas de una política que no se aclara.
Pesan los muertos y lloran las familias solas y desconcertadas.
Nadie ayuda en un torbellino de causas. La deriva indolente detrás de una, otra, otra y... No se acaba.
Control de redes, televisiones y prensa. Tenazas que aprietan, estrangulan y cortan.
Llora la rosa de negro luto. Se poda la savia que alimenta el rosal para que el esqueje se mustie, se rinda su cuello, deshidratado por el agua que se reduce.
Claudia Ballester Grifo
EL CIELO ENAMORADO.
El cielo es un galán de blancas barbas
y mirar de un azul pastel meloso.
Son los botones de sus ojos,
hematites briosos que refulgen
del frío gas del cosmos.
Se enternece el punto candente
del centro que se levanta,
sonríe la vida y a su gente.
Estrella que lame con sus rayos
la alegría del deambular
de una moza, en especial, que
interesa al que la ve sin hablar.
Se desligan las hojas del nudo
de su abrazo.
Amarillean las caducas desmayando
su manto.
Corre la zagala crepitando su paso,
estrujando la alfombra que le
procura el otoño, cómplice
del enamorado.
Las lágrimas de las nubes
besan su cabello dorado.
Trenzan los hilos de oro
trinos de jilgueros y prestos
gorriones con armónicos cantos.
El zafiro de sus ojos
miran lo alto.
Se deshacen las perlas de su aliento,
devolviendo su agua
al firmamento sediento de su
amor y encanto.
El galán sufre de amores.
Pena el deseo de una mortal
que acaricia con sus brisas
y besa con la intimidad
de la luna en sus balcones.
Le habla con las caracolas de
sus océanos,
arrullando con el coral
de sus mejillas,
carmesí de inocencia,
la plegaría de mil intenciones.
Danza la joven entre los
olores de las castañas,
dirigida por rumores
de olas, perdida en el horizonte.
Lame el cielo el acero del agua
en su hora de sueño,
en el misterio de cielo y mar.
Baña el líquido la frente adorada.
La noche se lleva a la bien
amada.
Con su gabardina de otoño,
con el rizo de su pelo...
Agitando la vida entregada.
Claudia Ballester Grifo.
El cielo es un galán de blancas barbas
y mirar de un azul pastel meloso.
Son los botones de sus ojos,
hematites briosos que refulgen
del frío gas del cosmos.
Se enternece el punto candente
del centro que se levanta,
sonríe la vida y a su gente.
Estrella que lame con sus rayos
la alegría del deambular
de una moza, en especial, que
interesa al que la ve sin hablar.
Se desligan las hojas del nudo
de su abrazo.
Amarillean las caducas desmayando
su manto.
Corre la zagala crepitando su paso,
estrujando la alfombra que le
procura el otoño, cómplice
del enamorado.
Las lágrimas de las nubes
besan su cabello dorado.
Trenzan los hilos de oro
trinos de jilgueros y prestos
gorriones con armónicos cantos.
El zafiro de sus ojos
miran lo alto.
Se deshacen las perlas de su aliento,
devolviendo su agua
al firmamento sediento de su
amor y encanto.
El galán sufre de amores.
Pena el deseo de una mortal
que acaricia con sus brisas
y besa con la intimidad
de la luna en sus balcones.
Le habla con las caracolas de
sus océanos,
arrullando con el coral
de sus mejillas,
carmesí de inocencia,
la plegaría de mil intenciones.
Danza la joven entre los
olores de las castañas,
dirigida por rumores
de olas, perdida en el horizonte.
Lame el cielo el acero del agua
en su hora de sueño,
en el misterio de cielo y mar.
Baña el líquido la frente adorada.
La noche se lleva a la bien
amada.
Con su gabardina de otoño,
con el rizo de su pelo...
Agitando la vida entregada.
Claudia Ballester Grifo.
miércoles, 27 de mayo de 2020
SUEÑO.
Se vencía el rumor de una cascada amiga. Batía su nata de melena blanca, espuma de clara cruda.
Salpicaba el agua una armonía de arpa sibilina, cruzando el arcoiris el fogonazo de una mirada perdida.
Se desbordaba el agua en un remanso de cristal y vida. Fuente de peces, yacimiento de nenúfar y orquídea. Se desleía lo diáfano al trasluz del bosque que amurallaba la intimidad de la joven dormida.
Trino de aves del paraíso, lidiando en sus agudos, con el grave repicar de tambor sobre los guijarros que aclaraban el fondo y devolvían una imagen de espejo a la hermosa figura.
Calma en el recinto, sagrado mural de fantasía.
Pintura dibujada, centro de unos ojos que bostezan a la vida. Derramado su cabello azabache rivalizando con el oscuro de la espesura.
Despierta su sueño el beso del agua que acerca su picardía. El instinto sobrevuela y se abren las alas en su espalda escondidas.
Lienzo blanco de largo hasta las rodillas. Son sus labios fresones que dibujan rojo en las pecas de su orilla.
Se desprende del suelo la esbelta figura. Descalza en el verde, cosquillas de su dulzura. Arde su pulso desprendiendo fragancia de fruta del bosque, cereza alba en el manglar de la poesia.
La llaman amor y acude presta a la cita. Guiña su verde esmeralda en la profundidad de sus largas pestañas, azuzando una brisa que desciende en un beso.
Llena el momento de magnetismo y cobran sentido todos los sueños. Dueña de la situación y la oportunidad, te da la mano y tú sigues el cuento.
Claudia Ballester Grifo
Se vencía el rumor de una cascada amiga. Batía su nata de melena blanca, espuma de clara cruda.
Salpicaba el agua una armonía de arpa sibilina, cruzando el arcoiris el fogonazo de una mirada perdida.
Se desbordaba el agua en un remanso de cristal y vida. Fuente de peces, yacimiento de nenúfar y orquídea. Se desleía lo diáfano al trasluz del bosque que amurallaba la intimidad de la joven dormida.
Trino de aves del paraíso, lidiando en sus agudos, con el grave repicar de tambor sobre los guijarros que aclaraban el fondo y devolvían una imagen de espejo a la hermosa figura.
Calma en el recinto, sagrado mural de fantasía.
Pintura dibujada, centro de unos ojos que bostezan a la vida. Derramado su cabello azabache rivalizando con el oscuro de la espesura.
Despierta su sueño el beso del agua que acerca su picardía. El instinto sobrevuela y se abren las alas en su espalda escondidas.
Lienzo blanco de largo hasta las rodillas. Son sus labios fresones que dibujan rojo en las pecas de su orilla.
Se desprende del suelo la esbelta figura. Descalza en el verde, cosquillas de su dulzura. Arde su pulso desprendiendo fragancia de fruta del bosque, cereza alba en el manglar de la poesia.
La llaman amor y acude presta a la cita. Guiña su verde esmeralda en la profundidad de sus largas pestañas, azuzando una brisa que desciende en un beso.
Llena el momento de magnetismo y cobran sentido todos los sueños. Dueña de la situación y la oportunidad, te da la mano y tú sigues el cuento.
Claudia Ballester Grifo
VIERNES.
Mírame con esos ojos de cristal que clavan cuchillos en la adormidera de mis sentidos.
Mírame con la profundidad de una desinfección pulcra,
con la profesionalidad del culto a un cuerpo dormido y reducido.
Mírame con ese estatus de amo que prodiga a sus pupilos y los lleva de la mano como formadores de su estilo.
Rendida a tu maestría y al púlpito de tus libros.
Manejada como marioneta flotando en un mundo de fluidos.
A la deriva de agujas y de pesadillas de sueños mal digeridos.
Alargando una tímida mano a tu estima de padrecito, ayuda a esta niña que vuelve al redil para reverdecer el trigo.
Mírame y arrebuja el miedo que desprende el nervio de mi sonrisa, que pide auxilio.
Relaja el rictus de tu plomo y derrite el muro que me lleva con los ojos vendados y desnuda de pies y destino.
Maneja tus herramientas con ligereza de galeno y que sea el aliento humano el que repliegue la calma de mis recelos.
Madrecita de mi vida, vela encendida en el viernes de mi pesadilla. Ayúdame a llegar libre de presagios y de noche oscura.
Qué se haga la luz después de mil tormentas, ciclones y ventiscas.
Qué amanezca la calma, hija de flores y sol de alborada tranquila.
Claudia Ballester Grifo
ME OPERAN EL VIERNES.
Mírame con esos ojos de cristal que clavan cuchillos en la adormidera de mis sentidos.
Mírame con la profundidad de una desinfección pulcra,
con la profesionalidad del culto a un cuerpo dormido y reducido.
Mírame con ese estatus de amo que prodiga a sus pupilos y los lleva de la mano como formadores de su estilo.
Rendida a tu maestría y al púlpito de tus libros.
Manejada como marioneta flotando en un mundo de fluidos.
A la deriva de agujas y de pesadillas de sueños mal digeridos.
Alargando una tímida mano a tu estima de padrecito, ayuda a esta niña que vuelve al redil para reverdecer el trigo.
Mírame y arrebuja el miedo que desprende el nervio de mi sonrisa, que pide auxilio.
Relaja el rictus de tu plomo y derrite el muro que me lleva con los ojos vendados y desnuda de pies y destino.
Maneja tus herramientas con ligereza de galeno y que sea el aliento humano el que repliegue la calma de mis recelos.
Madrecita de mi vida, vela encendida en el viernes de mi pesadilla. Ayúdame a llegar libre de presagios y de noche oscura.
Qué se haga la luz después de mil tormentas, ciclones y ventiscas.
Qué amanezca la calma, hija de flores y sol de alborada tranquila.
Claudia Ballester Grifo
ME OPERAN EL VIERNES.
VIAJE ASTRAL.
Desde esa bola que llamo planeta me visualizo como semilla que germina bajo un cosmos infinito y una mirada cálida que identifico con una estrella.
Desde mi germen que se desentumece y se agita con entusiasmo y párvulo estiramiento, absorbo secuencias que llegan con el rumiar de un ente desconocido.
Alienta mi crecimiento murmullos espaciales que se acercan y se alejan manteniendo un código desconocido.
Quiero descifrar el mensaje con mis sentidos abotargados, madurando en un líquido turbio.
No se si tengo ojos, pero no acierto colores ni imágenes que proporcionen orientación a este agujero negro de torbellino sin razón.
Vueltas y vueltas en una tierra de interrogación donde se polarizan asuntos que de extremos tensan la situación.
Eje de equilibrio que amordaza el odio y la pasión de venganzas de pistoleros que se quedaron sin sueldo y ocasión.
Coletas de goma de color, gris o marrón. Se mimetice con el pelo o ladre con el bozal dispuesto para la ocasión.
Coletas de voz de no romper un plato y vamos por la tercera vajilla y eso no es lo peor.
Se emite desde la antena de dudosa estación. Mensajes cifrados que el morse ya perdió. Tecnologías novedosas de ultrísima generación. Lo mejor de lo más exquisito es lo que va de reventón.
En el gran útero de la galaxia se resguarda el embrión. Una masa informe que de madre emergió. Siendo lo femenino un arma de atención, es el hijo de Fémina una bendición.
Si el niño es la inocencia y la ingenuidad su frescura, no monopolices sus entrañas y hagas de eso tu valía.
No quieras matar con lo bueno en su día y reformar a tu gusto con la tiranía que tu mirada profetiza.
Amigo camarada, con la mirada limpia dejo que te bañes en el cráter dulce de mi ambrosía. Aventurarte en mis dunas es una aventura que te puede aportar calma y ternura. Tal vez desde el alma de niño se pueda llegar a un ego que explota como el cava libre del corcho que lo esclaviza.
La tierra gira a pesar de orden y contraorden que aturde su singladura.
Vomitan las estrellas los lloros de planetas que nacen y explotan por luces amarillas. El demonio existe, pero hay ángeles que controlan su lascivia.
Claudia Ballester Grifo
Desde esa bola que llamo planeta me visualizo como semilla que germina bajo un cosmos infinito y una mirada cálida que identifico con una estrella.
Desde mi germen que se desentumece y se agita con entusiasmo y párvulo estiramiento, absorbo secuencias que llegan con el rumiar de un ente desconocido.
Alienta mi crecimiento murmullos espaciales que se acercan y se alejan manteniendo un código desconocido.
Quiero descifrar el mensaje con mis sentidos abotargados, madurando en un líquido turbio.
No se si tengo ojos, pero no acierto colores ni imágenes que proporcionen orientación a este agujero negro de torbellino sin razón.
Vueltas y vueltas en una tierra de interrogación donde se polarizan asuntos que de extremos tensan la situación.
Eje de equilibrio que amordaza el odio y la pasión de venganzas de pistoleros que se quedaron sin sueldo y ocasión.
Coletas de goma de color, gris o marrón. Se mimetice con el pelo o ladre con el bozal dispuesto para la ocasión.
Coletas de voz de no romper un plato y vamos por la tercera vajilla y eso no es lo peor.
Se emite desde la antena de dudosa estación. Mensajes cifrados que el morse ya perdió. Tecnologías novedosas de ultrísima generación. Lo mejor de lo más exquisito es lo que va de reventón.
En el gran útero de la galaxia se resguarda el embrión. Una masa informe que de madre emergió. Siendo lo femenino un arma de atención, es el hijo de Fémina una bendición.
Si el niño es la inocencia y la ingenuidad su frescura, no monopolices sus entrañas y hagas de eso tu valía.
No quieras matar con lo bueno en su día y reformar a tu gusto con la tiranía que tu mirada profetiza.
Amigo camarada, con la mirada limpia dejo que te bañes en el cráter dulce de mi ambrosía. Aventurarte en mis dunas es una aventura que te puede aportar calma y ternura. Tal vez desde el alma de niño se pueda llegar a un ego que explota como el cava libre del corcho que lo esclaviza.
La tierra gira a pesar de orden y contraorden que aturde su singladura.
Vomitan las estrellas los lloros de planetas que nacen y explotan por luces amarillas. El demonio existe, pero hay ángeles que controlan su lascivia.
Claudia Ballester Grifo
martes, 26 de mayo de 2020
DEBATAMOS SOBRE EL AMOR.
El amor, valor siempre en alza. Abstracción que se siente con todo el impulso del alma.
Amor sin medida, no cuantificable con gran capacidad cualitativa.
Amor de padres a hijos, hermanos, familia, amigos... Pareja.
El amor en su estado puro. Un brillante de gran valía que alimenta la ilusión,la esperanza, motor que impulsa a la vida.
Romance de sentimientos de hoja perenne o caduca. En el caso de dejarlo ir o de fugarse por iniciativa hay que valorar que, tal vez, no sea protagonista el amor si no su figura.
El amor siempre permanece aunque llague nuestro cuerpo con una herida. Cicatrizará el tormento para cubrir con la resiliencia la aventura. Pasará el duelo de esa amargura para encontrar con un beso alguien que cure la afrenta recibida. Seguirá siendo un sujeto, no el amor, el desleal o el que traiciona en su valía.
El amor en lo más alto. Por él se vive y se muere, pero es vida. No se lleva el Barquero al abstracto, arrastra al personaje que se rinde y se margina.
El amor es, no se hace. Existe por mérito propio y siempre suma. Quien hace el amor se figura que juega con una herramienta que no es suya. Se puede concretar el sentimiento y dibujar con detalle la fantasia. Pueden acariciar las manos y bailar los besos con reverencia, llevando la pasión al mejor de los escenarios. Mas el amor sigue en lo alto, no se toca ni negocia ni se comercializa.
¿SE PUEDE HACER EL AMOR?
Abro debate.
Claudia Ballester Grifo
El amor, valor siempre en alza. Abstracción que se siente con todo el impulso del alma.
Amor sin medida, no cuantificable con gran capacidad cualitativa.
Amor de padres a hijos, hermanos, familia, amigos... Pareja.
El amor en su estado puro. Un brillante de gran valía que alimenta la ilusión,la esperanza, motor que impulsa a la vida.
Romance de sentimientos de hoja perenne o caduca. En el caso de dejarlo ir o de fugarse por iniciativa hay que valorar que, tal vez, no sea protagonista el amor si no su figura.
El amor siempre permanece aunque llague nuestro cuerpo con una herida. Cicatrizará el tormento para cubrir con la resiliencia la aventura. Pasará el duelo de esa amargura para encontrar con un beso alguien que cure la afrenta recibida. Seguirá siendo un sujeto, no el amor, el desleal o el que traiciona en su valía.
El amor en lo más alto. Por él se vive y se muere, pero es vida. No se lleva el Barquero al abstracto, arrastra al personaje que se rinde y se margina.
El amor es, no se hace. Existe por mérito propio y siempre suma. Quien hace el amor se figura que juega con una herramienta que no es suya. Se puede concretar el sentimiento y dibujar con detalle la fantasia. Pueden acariciar las manos y bailar los besos con reverencia, llevando la pasión al mejor de los escenarios. Mas el amor sigue en lo alto, no se toca ni negocia ni se comercializa.
¿SE PUEDE HACER EL AMOR?
Abro debate.
Claudia Ballester Grifo
LABERINTO DE ALICIA.
Alicia paseaba por unos senderos muy estrechos. No reconocía nada, pero se veía impelida por una fuerza a la que no cabía resistencia.
Sentía unos susurros que la electrificaban, pero sin dolor físico. Un haz de luz la perseguía y la acompañaba. Detrás, al lado y delante. Sangre que la alimentaba y la reforzaba. Savia que erguía el tallo de una planta envainándolo de clorofila y con sabor a hierba fresca.
Alicia se enfrentaba al laberinto del Minotauro, pero desnuda de intención y virgen sin manto. Sus recuerdos y vivencias se evidenciaban en el remanso de un lago plácido. Se tiró a sus aguas sin miedos ni reparos. Nadó complacida gustando de su figura y de su relato.
Alicia pertenecía a un grupo sin recatos. De edad sobrepuesta a la juventud de sus rasgos. De mirada felina en el brillo de un iris ingenuo y amable. De pupila dilatada absorbiendo estampas de medio marco.
Su fuerza la del rayo. Su salud, la actitud que le concedió alguien en un día santo.
Es importante mantener la mente sana para dividir problemas, reduciendo campos. Chip positivo de ver acuerdos en pleitos antes de ganarlos. Mantener la expectativa en un orden adecuado y dejar fluir la intuición por encima de negros presagios.
Lo que tiene solución se resuelve. Lo que no, se aplaza buscando nuevas posibilidades y horas mejores.
Si puede salir bien saldrá y si no, lo arreglaremos.
Aguantaremos lo que haga falta. El dolor es pasajero y una certeza de estar vivos.
Alicia nadaba en agua fresca, relajada, tranquila. El día perfumaba sus alas de hada en su conciencia abierta y en expansión. Su mirada al cielo en plena conexión con esa naturaleza brava que la hacía ser una con Dios.
Siguió su camino de nenúfar en flor, descalza ante el mundo, desprovista de materialismo y fondo de cartón.
Alicia no pretendía ser explicación ni resolución. Pretendía buscar respuestas válidas para ella y para cualquier situación. No arrastremos a los demás a nuestro dolor. El sufrimiento aumentaría por dos mil dos. Llevemos luz en expansión y que sea el amor a los demás lo que nos aporte yodo al tiroides y potasio al corazón.
Claudia Ballester Grifo.
Alicia paseaba por unos senderos muy estrechos. No reconocía nada, pero se veía impelida por una fuerza a la que no cabía resistencia.
Sentía unos susurros que la electrificaban, pero sin dolor físico. Un haz de luz la perseguía y la acompañaba. Detrás, al lado y delante. Sangre que la alimentaba y la reforzaba. Savia que erguía el tallo de una planta envainándolo de clorofila y con sabor a hierba fresca.
Alicia se enfrentaba al laberinto del Minotauro, pero desnuda de intención y virgen sin manto. Sus recuerdos y vivencias se evidenciaban en el remanso de un lago plácido. Se tiró a sus aguas sin miedos ni reparos. Nadó complacida gustando de su figura y de su relato.
Alicia pertenecía a un grupo sin recatos. De edad sobrepuesta a la juventud de sus rasgos. De mirada felina en el brillo de un iris ingenuo y amable. De pupila dilatada absorbiendo estampas de medio marco.
Su fuerza la del rayo. Su salud, la actitud que le concedió alguien en un día santo.
Es importante mantener la mente sana para dividir problemas, reduciendo campos. Chip positivo de ver acuerdos en pleitos antes de ganarlos. Mantener la expectativa en un orden adecuado y dejar fluir la intuición por encima de negros presagios.
Lo que tiene solución se resuelve. Lo que no, se aplaza buscando nuevas posibilidades y horas mejores.
Si puede salir bien saldrá y si no, lo arreglaremos.
Aguantaremos lo que haga falta. El dolor es pasajero y una certeza de estar vivos.
Alicia nadaba en agua fresca, relajada, tranquila. El día perfumaba sus alas de hada en su conciencia abierta y en expansión. Su mirada al cielo en plena conexión con esa naturaleza brava que la hacía ser una con Dios.
Siguió su camino de nenúfar en flor, descalza ante el mundo, desprovista de materialismo y fondo de cartón.
Alicia no pretendía ser explicación ni resolución. Pretendía buscar respuestas válidas para ella y para cualquier situación. No arrastremos a los demás a nuestro dolor. El sufrimiento aumentaría por dos mil dos. Llevemos luz en expansión y que sea el amor a los demás lo que nos aporte yodo al tiroides y potasio al corazón.
Claudia Ballester Grifo.
lunes, 25 de mayo de 2020
CELESTE Y LORENZO
Se retira Celeste, silente y gran dama. Desaparece la estela de su luz azulada.
Relentiza su movimiento para clavar su mirada, girando su plateado rostro para ver al dorado que ama.
Se eleva su mirar de cristal, lágrima de desesperanza. A través de sus lagos se acerca el que caldea sus ansias. Lorenzo se alza en su carro de fuego, fustigando las lenguas que buscan un mirar tan bello.
Lame el haz la ausencia que deja la dama, acaricia la orilla de su manto. Cierra los ojos la luna, el reflejo del amor titila en las estrellas, quietas, en su remanso.
Corre el sol azuzando a sus caballos. Relinchan briosos, aceleran su trote, cabalgando el espacio. Gira el rostro la luna, de reflejos dorados su cabello de plata pura. Arden sus pestañas de carbón aleteando aires y brumas, se aleja taciturna, trasnochada y vacía.
Vuelo de azul y rojo. Aumenta el pulso del trinar de los estorninos que hablan a la historia y perpetúan el cuento.
Miles de voces claman a un penar cíclico. El amor entre el sol y la luna, un beso ahogado en la quimera de un sueño.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 24 de mayo de 2020
COLORES.
El día se levanta con una paleta de colores. Quiere pintar con pinceles de calibre diferente. Afinar los trazos para resaltar o mimetizar posturas y posiciones.
Se desesperezan los músculos y se alivian las tensiones. El lienzo es amplio y las vistas espectaculares.
La belleza rutilante del artista alimenta versares que confieren a la pintura, bondades.
El azul para el joven que arranca con la fuerza de mil mares. Se deleita con la música que encabrita sus expectativas y le empuja a la velocidad del rayo, estallido en el pulso de sus andares.
Vitalidad del empeño, ilusión intacta en sus telares.
El amarillo para los maduros. El brillo alimenta sus necesidades. Van perdiendo lozanía y se amparan en aceites y vanidades. Piensan con la razón lo que el corazón ya no consiente. Pierden espontaneidad aunque alguno se rebele.
El gris para los ancianos. Sencillos y amables se deslizan por la vida comprendiendo y escuchando. Afables ante la mirada de los que compadecen sus pasos. Primera línea para abrir cielos que otros recelan y miran de soslayo.
El morado para los tristes. Están en todas las parcelas de la vida. Su sonrisa se desprendió del queso de su cara y se diluyó en un lago de nata.
Se puede ligar y ser montada. Se puede acompañar de azúcar y endulzar una etapa amarga. Pueden reír los ojos y difuminar de añil las ganas.
El verde para los de la esperanza. Los que no se entristecen por lo que no tienen, pero saben mirar a través de la ventana. Los que visualizan en el mañana expectativas nuevas que van ligando el trabajo diario por el que se afanan. Luchadores natos. Dueños de sus sueños, sol de la mañana.
El marrón para los ansiosos y deprimidos. Los que se esconden detrás de la puerta y no enseñan la cara. Hablan a media voz por no despertar a la fuerza que les saque de su zona de confort, la tiniebla que los encadena y los atrapa.
Viven de energía de otros, vampiros de vida de inocente gallardía, pero mirar desastroso.
Necesitan ayuda y muchos, siendo escuchados, son rescatados hacía un crema más calmoso.
El negro para el luto. La pérdida del amigo, del hermano o del trabajo.
La ausencía de lo querido o la enfermedad que ha llegado. El impedimento para seguir la vida tal como la queríamos ir llevando. El truncamiento de expectativas, suicidio de sueños arrebatados. Lo opaco arrancado al diáfano amanecer que se deslizaba con un suspiro ahogado.
El blanco, sin duda, para la niñez. Luz, frescura, encanto. Alegría en todas las etapas, balbuceos, primeros pasos.
Manitas de caricias livianas y tersas. Aura de sonrisas de babas graciosas. Parloteo de vocecillas de alas dispuestas, se alzan a los cielos llevando nuestra atención y vida entera.
Ángeles de tierra que amenizan con su lira las melodías de nuestra cuerda.
El rojo para la pasión. Los locos de amor de todas las tonalidades que ven con flechas de Cupido la vida con destello. Se hace fácil lo difícil y te mantiene en una chispa de corriente continua, vals eterno. Vida a la vida, resucita al muerto. Restablece la confianza del que se hubiera perdido por el huerto.
La paleta de colores es un motor móvil que atrapa o refleja según el momento y la casualidad. El pintor la utiliza y si es la vida la que debe pintar que sea el amor el que dirija el pincel con verdad.
Demos tiempo al cronos y paciencia a la humanidad.
Claudia Ballester Grifo
El día se levanta con una paleta de colores. Quiere pintar con pinceles de calibre diferente. Afinar los trazos para resaltar o mimetizar posturas y posiciones.
Se desesperezan los músculos y se alivian las tensiones. El lienzo es amplio y las vistas espectaculares.
La belleza rutilante del artista alimenta versares que confieren a la pintura, bondades.
El azul para el joven que arranca con la fuerza de mil mares. Se deleita con la música que encabrita sus expectativas y le empuja a la velocidad del rayo, estallido en el pulso de sus andares.
Vitalidad del empeño, ilusión intacta en sus telares.
El amarillo para los maduros. El brillo alimenta sus necesidades. Van perdiendo lozanía y se amparan en aceites y vanidades. Piensan con la razón lo que el corazón ya no consiente. Pierden espontaneidad aunque alguno se rebele.
El gris para los ancianos. Sencillos y amables se deslizan por la vida comprendiendo y escuchando. Afables ante la mirada de los que compadecen sus pasos. Primera línea para abrir cielos que otros recelan y miran de soslayo.
El morado para los tristes. Están en todas las parcelas de la vida. Su sonrisa se desprendió del queso de su cara y se diluyó en un lago de nata.
Se puede ligar y ser montada. Se puede acompañar de azúcar y endulzar una etapa amarga. Pueden reír los ojos y difuminar de añil las ganas.
El verde para los de la esperanza. Los que no se entristecen por lo que no tienen, pero saben mirar a través de la ventana. Los que visualizan en el mañana expectativas nuevas que van ligando el trabajo diario por el que se afanan. Luchadores natos. Dueños de sus sueños, sol de la mañana.
El marrón para los ansiosos y deprimidos. Los que se esconden detrás de la puerta y no enseñan la cara. Hablan a media voz por no despertar a la fuerza que les saque de su zona de confort, la tiniebla que los encadena y los atrapa.
Viven de energía de otros, vampiros de vida de inocente gallardía, pero mirar desastroso.
Necesitan ayuda y muchos, siendo escuchados, son rescatados hacía un crema más calmoso.
El negro para el luto. La pérdida del amigo, del hermano o del trabajo.
La ausencía de lo querido o la enfermedad que ha llegado. El impedimento para seguir la vida tal como la queríamos ir llevando. El truncamiento de expectativas, suicidio de sueños arrebatados. Lo opaco arrancado al diáfano amanecer que se deslizaba con un suspiro ahogado.
El blanco, sin duda, para la niñez. Luz, frescura, encanto. Alegría en todas las etapas, balbuceos, primeros pasos.
Manitas de caricias livianas y tersas. Aura de sonrisas de babas graciosas. Parloteo de vocecillas de alas dispuestas, se alzan a los cielos llevando nuestra atención y vida entera.
Ángeles de tierra que amenizan con su lira las melodías de nuestra cuerda.
El rojo para la pasión. Los locos de amor de todas las tonalidades que ven con flechas de Cupido la vida con destello. Se hace fácil lo difícil y te mantiene en una chispa de corriente continua, vals eterno. Vida a la vida, resucita al muerto. Restablece la confianza del que se hubiera perdido por el huerto.
La paleta de colores es un motor móvil que atrapa o refleja según el momento y la casualidad. El pintor la utiliza y si es la vida la que debe pintar que sea el amor el que dirija el pincel con verdad.
Demos tiempo al cronos y paciencia a la humanidad.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 23 de mayo de 2020
UNA VEZ MÁS.
Se ciñe el parloteo de las aves a la fresca alborada. Se trenzan sus plumas al despertar de la mañana.
Calma en las calles despejadas, víspera de un día que se levanta.
La claridad estira del sueño,
imposible resistirse a su llamada.
Entra la luz libidinosa,
haciendo hueco en la cama.
Se abren los ojos,
se centra la mirada.
Los minutos se eternizan,
los pies buscan en el suelo
la invitación a la jornada.
Sumamos un tiempo a las canas.
Brillando el sol,
testigo de nuestras
ganas,
amigo en los días que
las nubes no lo guardan.
Cómplice de nuestras dudas,
abrigo en el suspiro
que se escapa.
Palomas blancas llevando
el tesoro que guarda el alma.
Anhelos y ruegos desbordando
agua brava.
Optimismo del que siente
la vida venir con tiritas,
pero intensa y adecuada.
Vuelve el quirófano
a besar mi frente
entre aromas de alcanfor
y antiséptico potente.
Vuelven los fantasmas
de luchas y peleas
que nunca acaban.
Vuelve la rosa a tumbarse
en camilla fría y metalizada,
brillo de espejo en la estancía
medicalizada.
Silencio de latido y pulso
al ritmo del bisturí
y la cizalla.
Envuelta en paño verde,
mi miedo y mi esperanza.
Claudia Ballester Grifo
Se ciñe el parloteo de las aves a la fresca alborada. Se trenzan sus plumas al despertar de la mañana.
Calma en las calles despejadas, víspera de un día que se levanta.
La claridad estira del sueño,
imposible resistirse a su llamada.
Entra la luz libidinosa,
haciendo hueco en la cama.
Se abren los ojos,
se centra la mirada.
Los minutos se eternizan,
los pies buscan en el suelo
la invitación a la jornada.
Sumamos un tiempo a las canas.
Brillando el sol,
testigo de nuestras
ganas,
amigo en los días que
las nubes no lo guardan.
Cómplice de nuestras dudas,
abrigo en el suspiro
que se escapa.
Palomas blancas llevando
el tesoro que guarda el alma.
Anhelos y ruegos desbordando
agua brava.
Optimismo del que siente
la vida venir con tiritas,
pero intensa y adecuada.
Vuelve el quirófano
a besar mi frente
entre aromas de alcanfor
y antiséptico potente.
Vuelven los fantasmas
de luchas y peleas
que nunca acaban.
Vuelve la rosa a tumbarse
en camilla fría y metalizada,
brillo de espejo en la estancía
medicalizada.
Silencio de latido y pulso
al ritmo del bisturí
y la cizalla.
Envuelta en paño verde,
mi miedo y mi esperanza.
Claudia Ballester Grifo
UNA VEZ MÁS.
Se ciñe el parloteo de las aves a la fresca alborada. Se trenzan sus plumas al despertar de la mañana.
Calma en las calles despejadas, víspera de un día que se levanta.
La claridad estira del sueño,
imposible resistirse a su llamada.
Entra la luz libidinosa,
haciendo hueco en la cama.
Se abren los ojos,
se centra la mirada.
Los minutos se eternizan,
los pies buscan en el suelo
la invitación a la jornada.
Sumamos un tiempo a las canas.
Brillando el sol,
testigo de nuestras
ganas,
amigo en los días que
las nubes no lo guardan.
Cómplice de nuestras dudas,
abrigo en el suspiro
que se escapa.
Palomas blancas llevando
el tesoro que guarda el alma.
Anhelos y ruegos desbordando
agua brava.
Optimismo del que siente
la vida venir con tiritas,
pero intensa y adecuada.
Vuelve el quirófano
a besar mi frente
entre aromas de alcanfor
y antiséptico potente.
Vuelven los fantasmas
de luchas y peleas
que nunca acaban.
Vuelve la rosa a tumbarse
en camilla fría y metalizada,
brillo de espejo en la estancía
medicalizada.
Silencio de latido y pulso
al ritmo del bisturí
y la cizalla.
Envuelta en paño verde,
mi miedo y mi esperanza.
Claudia Ballester Grifo
Se ciñe el parloteo de las aves a la fresca alborada. Se trenzan sus plumas al despertar de la mañana.
Calma en las calles despejadas, víspera de un día que se levanta.
La claridad estira del sueño,
imposible resistirse a su llamada.
Entra la luz libidinosa,
haciendo hueco en la cama.
Se abren los ojos,
se centra la mirada.
Los minutos se eternizan,
los pies buscan en el suelo
la invitación a la jornada.
Sumamos un tiempo a las canas.
Brillando el sol,
testigo de nuestras
ganas,
amigo en los días que
las nubes no lo guardan.
Cómplice de nuestras dudas,
abrigo en el suspiro
que se escapa.
Palomas blancas llevando
el tesoro que guarda el alma.
Anhelos y ruegos desbordando
agua brava.
Optimismo del que siente
la vida venir con tiritas,
pero intensa y adecuada.
Vuelve el quirófano
a besar mi frente
entre aromas de alcanfor
y antiséptico potente.
Vuelven los fantasmas
de luchas y peleas
que nunca acaban.
Vuelve la rosa a tumbarse
en camilla fría y metalizada,
brillo de espejo en la estancía
medicalizada.
Silencio de latido y pulso
al ritmo del bisturí
y la cizalla.
Envuelta en paño verde,
mi miedo y mi esperanza.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 21 de mayo de 2020
A UNA O ¿NO?
Sigo escondida. Agazapada detrás de la puerta. Entre visillos espantada ante la holgura que algunos se licencian y otros penamos con el poco sol que nos acaricia.
Sigo arrastrando las cadenas de una llave tirada, cerrojo que no abro por falta de noticias.
¿Quién sabe de estadísticas? A nivel de municipio no nos llega nada.
¿Quién controla los focos?
Las mentiras que se doblan y se cruzan nos llevan a un desierto de vergel escaso y tardío.
No me digas que saldremos, tú que estás en la calle y sin mascarilla.
No me digas que hay esperanza, tú que estás tomando el sol en una playa prohibida.
No me sonrias con cara amable cuando te burlas de la pena y la réplica.
No te mofes en mi cara, tú libertario en la cárcel de mi amargura.
Hablamos de ricos y pobres. De pisos grandes y pequeños.
Aquí estoy andando mis 40 m de respiro y mis penas trenzando.
Yo sí puedo hacer kilómetros porque muero si no lo hago.
Del comedor a la cocina y mis males rumiando.
¡Libertad, amiga mía!
Expresión de mis andares.
Qué sea mi positividad poblada
la que alimente mi calma.
Mi familia y yo confinados
y muchos burlándose
de la desescalada.
Claudia Ballester Grifo
Sigo escondida. Agazapada detrás de la puerta. Entre visillos espantada ante la holgura que algunos se licencian y otros penamos con el poco sol que nos acaricia.
Sigo arrastrando las cadenas de una llave tirada, cerrojo que no abro por falta de noticias.
¿Quién sabe de estadísticas? A nivel de municipio no nos llega nada.
¿Quién controla los focos?
Las mentiras que se doblan y se cruzan nos llevan a un desierto de vergel escaso y tardío.
No me digas que saldremos, tú que estás en la calle y sin mascarilla.
No me digas que hay esperanza, tú que estás tomando el sol en una playa prohibida.
No me sonrias con cara amable cuando te burlas de la pena y la réplica.
No te mofes en mi cara, tú libertario en la cárcel de mi amargura.
Hablamos de ricos y pobres. De pisos grandes y pequeños.
Aquí estoy andando mis 40 m de respiro y mis penas trenzando.
Yo sí puedo hacer kilómetros porque muero si no lo hago.
Del comedor a la cocina y mis males rumiando.
¡Libertad, amiga mía!
Expresión de mis andares.
Qué sea mi positividad poblada
la que alimente mi calma.
Mi familia y yo confinados
y muchos burlándose
de la desescalada.
Claudia Ballester Grifo
VERGÜENZA.
Se abren los soles de un naranja encendido,
de amarillo a rojo en un deslizar viscoso,
lengua de largo recorrido.
Restalla el rayo crujiendo la
fina almohada morada de su cielo
compungido.
Nadando las nubes
en el deshielo de una nieve,
frío intenso atenazando
los sentidos.
Mundo que dibuja un mapa
desconocido.
Vuelan las isobaras,
ríen los meridianos,
juegan al escondite
el Ecuador y el Trópico.
Se doblan las palmeras
ofreciendo sus frutos.
Se arremete contra la buena
gente que cargada de
miedo y traición se atreve
a pasear el desacuerdo
y su desazón.
Gente de rostro amable
y edad avanzada en los
avatares de la vida que
se ve golpeada por una
banda de joven capucha.
Chiquillada que no respeta
canas.
Avanzadilla de la desvergüenza
que increpa y a los mayores
acalla.
Desmedida violencia
para contraatacar al que
pacíficamente se manifiesta.
Azuza el matón a sus fieles
sabuesos.
Estocada del gobierno
que miente como
un bellaco.
Galimatias de la política,
los soles cayendo
por la claraboya de la
traición y la mentira.
Claudia Ballester Grifo
Se abren los soles de un naranja encendido,
de amarillo a rojo en un deslizar viscoso,
lengua de largo recorrido.
Restalla el rayo crujiendo la
fina almohada morada de su cielo
compungido.
Nadando las nubes
en el deshielo de una nieve,
frío intenso atenazando
los sentidos.
Mundo que dibuja un mapa
desconocido.
Vuelan las isobaras,
ríen los meridianos,
juegan al escondite
el Ecuador y el Trópico.
Se doblan las palmeras
ofreciendo sus frutos.
Se arremete contra la buena
gente que cargada de
miedo y traición se atreve
a pasear el desacuerdo
y su desazón.
Gente de rostro amable
y edad avanzada en los
avatares de la vida que
se ve golpeada por una
banda de joven capucha.
Chiquillada que no respeta
canas.
Avanzadilla de la desvergüenza
que increpa y a los mayores
acalla.
Desmedida violencia
para contraatacar al que
pacíficamente se manifiesta.
Azuza el matón a sus fieles
sabuesos.
Estocada del gobierno
que miente como
un bellaco.
Galimatias de la política,
los soles cayendo
por la claraboya de la
traición y la mentira.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 20 de mayo de 2020
PIENSA.
Todos los días son perfectos para ser feliz. Merecemos lo mejor y nosotros podemos. Sin lucha precisa por derecho propio. Sin abandonar el sofá hasta que la oportunidad nos busque y acaricie nuestro ego.
Cansados de una espera agobiante, la propaganda nos descubre viajes de bajo coste. Los préstamos a favor porque los sueños carecen de minudencias de liquidez. En el Caribe siempre se vive mejor. Eso sí, no te salgas de la parcela del hotel. El mirar a fuera puede cortar la digestión.
Los derechos los marca la constitución.
Políticos de gran prestigio, los padres de una buena ejecución. Personajes labrados en valores y muchas ganas de voz. Individuos de palabra y de honor.
Abramos los ojos, un poco de coherencía y razón. Lo ganado si no es con esfuerzo pierde todo su valor.
Constancia y dominio de la situación. Ingresos regulares y de dos guardo uno es de precaución.
No caigas de rodillas ante las migajas que te quitan idea y resolución. No aceptes que tu mano mendiga acalle tu sed de trabajo, tu derecho a la libertad de libre función.
Qué nadie baje tu mirada de integridad y valor. Cronificar una limosna es encadenar unos genes, esclavitud para los hijos del amor.
Claudia Ballester Grifo
Todos los días son perfectos para ser feliz. Merecemos lo mejor y nosotros podemos. Sin lucha precisa por derecho propio. Sin abandonar el sofá hasta que la oportunidad nos busque y acaricie nuestro ego.
Cansados de una espera agobiante, la propaganda nos descubre viajes de bajo coste. Los préstamos a favor porque los sueños carecen de minudencias de liquidez. En el Caribe siempre se vive mejor. Eso sí, no te salgas de la parcela del hotel. El mirar a fuera puede cortar la digestión.
Los derechos los marca la constitución.
Políticos de gran prestigio, los padres de una buena ejecución. Personajes labrados en valores y muchas ganas de voz. Individuos de palabra y de honor.
Abramos los ojos, un poco de coherencía y razón. Lo ganado si no es con esfuerzo pierde todo su valor.
Constancia y dominio de la situación. Ingresos regulares y de dos guardo uno es de precaución.
No caigas de rodillas ante las migajas que te quitan idea y resolución. No aceptes que tu mano mendiga acalle tu sed de trabajo, tu derecho a la libertad de libre función.
Qué nadie baje tu mirada de integridad y valor. Cronificar una limosna es encadenar unos genes, esclavitud para los hijos del amor.
Claudia Ballester Grifo
martes, 19 de mayo de 2020
AVATAR.
Cae la plata en el foro que llora su esperanza.
Monedas pesadas del que espera lo que se acaba.
Frontera de lo que fue y no retuvo,
miedo del que no guarda.
Miedo del que nunca pudo retener el gasto que le manda.
Cae la plata y no a todo el mundo salva.
Se quedan en el camino,
los que su sangre derraman.
Los que perdieron la vida
en horas de labranza,
guardando para sus hijos
la deuda que ahora se abalanza.
Cae la plata sin balanza,
no se sabe por dónde viene,
a quien viste y a quien descalza.
Se derrite el material,
lágrimas que se derraman.
Que su peso no sepulte
las ganas.
La marioneta pinta sus calzas,
el color morado atrae las masas.
Versar de titiritero que abduce
prometiendo con rosas
lo que son espinas dobladas.
Abramos los ojos,
nadie da si el fondo no alcanza.
Agonía del que ve en el zumo
exprimido,
edulcorante barato
del espíritu vencido.
Avatar de palabras,
perdidas en su camino,
eruptando el aire enrarecido.
Claudia Ballester Grifo
Cae la plata en el foro que llora su esperanza.
Monedas pesadas del que espera lo que se acaba.
Frontera de lo que fue y no retuvo,
miedo del que no guarda.
Miedo del que nunca pudo retener el gasto que le manda.
Cae la plata y no a todo el mundo salva.
Se quedan en el camino,
los que su sangre derraman.
Los que perdieron la vida
en horas de labranza,
guardando para sus hijos
la deuda que ahora se abalanza.
Cae la plata sin balanza,
no se sabe por dónde viene,
a quien viste y a quien descalza.
Se derrite el material,
lágrimas que se derraman.
Que su peso no sepulte
las ganas.
La marioneta pinta sus calzas,
el color morado atrae las masas.
Versar de titiritero que abduce
prometiendo con rosas
lo que son espinas dobladas.
Abramos los ojos,
nadie da si el fondo no alcanza.
Agonía del que ve en el zumo
exprimido,
edulcorante barato
del espíritu vencido.
Avatar de palabras,
perdidas en su camino,
eruptando el aire enrarecido.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 18 de mayo de 2020
LA BANDERA.
No toques mi bandera que es la de todos.
No pregones arengas que destruyan un algodón que pagamos con sudor y sangre.
No sepultes una historia que nos dio identidad pasando de abuelos a padres.
No llenes de mentira la verdad que ondea, libertad de cantares.
Si no sientes como fresa la tela con el libar del viento en sus telares,
no conoces la fe que se somete al color de su semblante.
Si no sientes recorrer el río tus manglares,
no reconocerás los naranjos regados por noches de esfuerzo, piña y equipo, calor de los que construyen el sustento del hambre.
Pedazo de tela, rasguño de piel,
herida abierta de sangre escrita.
Donde alcanza mi mirada,
venerada paloma, himno de miel,
protectora de familia y bienes.
No toques mi bandera,
se va la vida siguiendo
la pandereta.
Se dibuja la luna en la noche recelosa
y viaja el miedo desdibujando
la fina línea que proyecta
el mástil acariciando
a su novia.
No toques mi bandera,
resigue el fuego del plomo
que cargó contra la ceguera.
No culpes en ella historia
de vivos jugando a niños
con una pistola de jabón,
lavando la cara,
regando de rojo las rosas
y las amapolas.
Claudia Ballester Grifo.
No toques mi bandera que es la de todos.
No pregones arengas que destruyan un algodón que pagamos con sudor y sangre.
No sepultes una historia que nos dio identidad pasando de abuelos a padres.
No llenes de mentira la verdad que ondea, libertad de cantares.
Si no sientes como fresa la tela con el libar del viento en sus telares,
no conoces la fe que se somete al color de su semblante.
Si no sientes recorrer el río tus manglares,
no reconocerás los naranjos regados por noches de esfuerzo, piña y equipo, calor de los que construyen el sustento del hambre.
Pedazo de tela, rasguño de piel,
herida abierta de sangre escrita.
Donde alcanza mi mirada,
venerada paloma, himno de miel,
protectora de familia y bienes.
No toques mi bandera,
se va la vida siguiendo
la pandereta.
Se dibuja la luna en la noche recelosa
y viaja el miedo desdibujando
la fina línea que proyecta
el mástil acariciando
a su novia.
No toques mi bandera,
resigue el fuego del plomo
que cargó contra la ceguera.
No culpes en ella historia
de vivos jugando a niños
con una pistola de jabón,
lavando la cara,
regando de rojo las rosas
y las amapolas.
Claudia Ballester Grifo.
LIBERTAD.
Necesito correr con la melena al viento. Notar como las briznas de hierba salpican mi cuerpo.
Notar el aroma de la vida que huye por tiempos.
Correr y correr huyendo de este yugo que esclaviza mis movimientos.
Necesito volar con los ojos bien abiertos.
Empaparme de las maravillas que se abren desde lo más sencillo, pintando cuadros de colores intensos.
Bañarme en el lago de la vida y nadar, nadar pasando de contracturas, dolores y quebrantos.
Necesito rodearme de doradas palabras que tiznen con purpurina la sombra del vacío en mis manos.
Ritmos misericordes que rasguen suspiros y empapen sudores.
Gamuza fina que bruña la limpieza del mirar a través de los cristales.
Amiga de las amigas,
compañera inseparable.
Aliento en las arenas cálidas que abriga el entendimiento.
Ganancia de lo conseguido,
paño rescatado con esfuerzo.
Premio de los que su conciencia,
los hizo más amigos de lo bueno.
Linda es tu forma,
Imposible no doblar el cuerpo
Bajando la mirada a tu paso.
Es un puntal necesario
Redoblar el pulso de tambores,
Tensando los sentidos,
Amando la música,
Dádiva de tus encantos.
Claudia Ballester Grifo
Necesito correr con la melena al viento. Notar como las briznas de hierba salpican mi cuerpo.
Notar el aroma de la vida que huye por tiempos.
Correr y correr huyendo de este yugo que esclaviza mis movimientos.
Necesito volar con los ojos bien abiertos.
Empaparme de las maravillas que se abren desde lo más sencillo, pintando cuadros de colores intensos.
Bañarme en el lago de la vida y nadar, nadar pasando de contracturas, dolores y quebrantos.
Necesito rodearme de doradas palabras que tiznen con purpurina la sombra del vacío en mis manos.
Ritmos misericordes que rasguen suspiros y empapen sudores.
Gamuza fina que bruña la limpieza del mirar a través de los cristales.
Amiga de las amigas,
compañera inseparable.
Aliento en las arenas cálidas que abriga el entendimiento.
Ganancia de lo conseguido,
paño rescatado con esfuerzo.
Premio de los que su conciencia,
los hizo más amigos de lo bueno.
Linda es tu forma,
Imposible no doblar el cuerpo
Bajando la mirada a tu paso.
Es un puntal necesario
Redoblar el pulso de tambores,
Tensando los sentidos,
Amando la música,
Dádiva de tus encantos.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 17 de mayo de 2020
CRITERIO.
Si se desnuda el alma llegaremos a ese último escalón donde podamos desprendernos del ropaje para darle dos aguas.
Si peldaño a peldaño nos lleva la reflexión a conseguir la calma,
podrá la buena voluntad ejercer medidas que ayuden a todos y que no perturben con más carga.
Si ejercemos de positividad esmerada, tal vez contagiemos rosas y no espinas encarnadas.
Si pensamos por muchos olvidando el egoísmo y la prensa ególatra,
tal vez nazca el trigo para llevar pan a la boca.
Cerrando los ojos y abriendo el corazón,
llevaremos oxígeno, expansión del amor.
Nada somos si no conseguimos desterrar el miedo y el rencor.
Nada somos sin ese ápice de honor que permite a la gallardía salir en defensa de la razón.
Estamos donde estamos.
Estamos cómo estamos,
pero el futuro lo dibujamos
con lápiz de color.
Llamada al orden, a la concordía.
Si tenemos claro que no hay uno sin dos, tal vez lleguemos al tres y el cuarto cierre el eslabón.
Si soñamos juntos escribiendo la misma canción,
tal vez encontremos el camino para vivir con una nueva luz, fuente de confort.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración Anna Navarro.
Si se desnuda el alma llegaremos a ese último escalón donde podamos desprendernos del ropaje para darle dos aguas.
Si peldaño a peldaño nos lleva la reflexión a conseguir la calma,
podrá la buena voluntad ejercer medidas que ayuden a todos y que no perturben con más carga.
Si ejercemos de positividad esmerada, tal vez contagiemos rosas y no espinas encarnadas.
Si pensamos por muchos olvidando el egoísmo y la prensa ególatra,
tal vez nazca el trigo para llevar pan a la boca.
Cerrando los ojos y abriendo el corazón,
llevaremos oxígeno, expansión del amor.
Nada somos si no conseguimos desterrar el miedo y el rencor.
Nada somos sin ese ápice de honor que permite a la gallardía salir en defensa de la razón.
Estamos donde estamos.
Estamos cómo estamos,
pero el futuro lo dibujamos
con lápiz de color.
Llamada al orden, a la concordía.
Si tenemos claro que no hay uno sin dos, tal vez lleguemos al tres y el cuarto cierre el eslabón.
Si soñamos juntos escribiendo la misma canción,
tal vez encontremos el camino para vivir con una nueva luz, fuente de confort.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración Anna Navarro.
sábado, 16 de mayo de 2020
PAN Y VINO.
¡No! No tienes la culpa.
Derramas los polvos blancos,
inundas la espalda que no mira.
¡No! No tienes la culpa.
Soy libre para escucharte,
pero emborrachas mi libertad,
cubres de noche
mi ira.
Propaganda de marioneta,
rictus hermético,
flojo, química pura.
Veleta de sueños que orinas.
Personaje público,
escrito de miserias, bulos de vida.
Un sí pagado, pleitesía.
Surco los huracanes,
nado en tifones,
castigada sin postre, vomito.
Puedes no compartir mi idea,
pero únete a mí si tienes sangre.
Si te cruje la libertad en las venas,
Siente el latir de mi pulso salvaje.
Gobierna si puedes,
pero da luz al pueblo que se dobla.
Abraza a tus hijos, sepulturas llenas.
No olvides que eres el pan,
la copa de vino,
el agua que fluye de la fuente,
la esperanza de un pueblo,
callado y oprimido.
Claudia Ballester Grifo
¡No! No tienes la culpa.
Derramas los polvos blancos,
inundas la espalda que no mira.
¡No! No tienes la culpa.
Soy libre para escucharte,
pero emborrachas mi libertad,
cubres de noche
mi ira.
Propaganda de marioneta,
rictus hermético,
flojo, química pura.
Veleta de sueños que orinas.
Personaje público,
escrito de miserias, bulos de vida.
Un sí pagado, pleitesía.
Surco los huracanes,
nado en tifones,
castigada sin postre, vomito.
Puedes no compartir mi idea,
pero únete a mí si tienes sangre.
Si te cruje la libertad en las venas,
Siente el latir de mi pulso salvaje.
Gobierna si puedes,
pero da luz al pueblo que se dobla.
Abraza a tus hijos, sepulturas llenas.
No olvides que eres el pan,
la copa de vino,
el agua que fluye de la fuente,
la esperanza de un pueblo,
callado y oprimido.
Claudia Ballester Grifo
MI BELLA.
Piel perfilada por los genes,
hadas de fantasia científica,
perfilando carácteres que
confirman tu sonrisa.
Entrañable mirada de
infancia revestida,
capa de niña con corona
de pegatina.
Chillido de admiración y pleitesía
a los juegos de entusiasmo,
aprendiendo herramientas
que da la vida.
Son tus creencias espejo
de las mías.
Son tus arrebatos los que
impulsan verdad en mis labios.
Dulce almendra de vida y sueño,
cuerpo de joven creciendo.
Descanso que languidece
a mi encuentro.
Chispa de fuego, puro veneno,
eléctrico comportamiento
cuando eres prisionera
del miedo.
Salta tu figura,
fuerte en tu inocencia,
luz en la noche
a pesar de tus miedos de niña.
Mamá está contigo.
Mamá te cuida.
Crece hija,
tómate el tiempo que necesitas.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración Anna Navarro.
(Dibujo de mis hijas)
Piel perfilada por los genes,
hadas de fantasia científica,
perfilando carácteres que
confirman tu sonrisa.
Entrañable mirada de
infancia revestida,
capa de niña con corona
de pegatina.
Chillido de admiración y pleitesía
a los juegos de entusiasmo,
aprendiendo herramientas
que da la vida.
Son tus creencias espejo
de las mías.
Son tus arrebatos los que
impulsan verdad en mis labios.
Dulce almendra de vida y sueño,
cuerpo de joven creciendo.
Descanso que languidece
a mi encuentro.
Chispa de fuego, puro veneno,
eléctrico comportamiento
cuando eres prisionera
del miedo.
Salta tu figura,
fuerte en tu inocencia,
luz en la noche
a pesar de tus miedos de niña.
Mamá está contigo.
Mamá te cuida.
Crece hija,
tómate el tiempo que necesitas.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración Anna Navarro.
(Dibujo de mis hijas)
ELENA.
Elena se estiró en la cama. No había puesto alarma en el despertador y dejó que el sol acaricira su cara. Bostezó mirando a la ventana para descubrir el vuelo de las aves,surcando el lienzo azul que le regalaba.
El reflejo de su imagen,al inconcorporarse, la dejó petrificada. El espejo que la miraba le devolvía una imagen hacía mucho olvidada.
Se levantó con las prisas de un salto más se quedó con un ¡Ayyyy! de espanto. Un crujido maceró su fémur para caer en el colchón blando.
Parada, sin mover ni una pestaña, intentando recabar datos. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién era esa imagen dueña de sus ojos y de su boca?
Hilos de plata envolviendo su cara, lazo nacarado en la leche de su piel rugosa.
Párpados golpeados por los años que no vio venir de lejos ni de cerca. Lagos de añil intenso, sostén de sus órbitas abiertas.
Elena, piensa. ¿Qué pasó en su sueño si se acostó bella y fresca?
Alzó su sábana la juventud y amanece el día una vieja.
Alza su mano para acariciar el rostro que conoce, pero no acepta. Labios cuarteados por el peso de la piel que adelgaza sus defensas.
¿Dónde quemó su tiempo? No debió dormir esa Luna roja.
Se escapó la vida, una lágrima busca guarida entre el pelo de la alfombra.
Se acerca un alma cautelosa. Una imagen gemela, afable y cariñosa. Se intensifica la luz cálida y caprichosa, jugando en un ir y venir de mariposas y rosas.
Elena la reconoce y esbozando una sonrisa le alarga su mano y a ella se cobija.
Se alejan dos figuras blancas, son luz y armonía. Se queda el vacío de un halo cerrando un espacio entre abuela y nieta querida.
Claudia Ballester Grifo
viernes, 15 de mayo de 2020
VISITA CONCERTADA.
Mirando tus ojos a pesar del embozo de la mascarilla, veo la luz de tu mirada acariciando una sonrisa de simpatía.
Visita concertada,espejismo de un sol que nos alivia. Reposo entre dos días de agua vertida y agua que se avecina.
Llegué nerviosa tras dos meses de encierro, hogar de mi seguridad, templo de mi alegría.
Llegué de la mano del compañero de mi vida.
Me recibió un centro vacío, un ambiente espartano y limpio.
Llegué, entré y se escribió mi destino.
Se ha acotado la solucion para mi desatino. Se arreglará, al final, lo que pintaba mal en su inicio.
Gracias a mi médico, el vascular de bata blanca que me dio esperanza y la llave de mi confianza.
Cabalgan las nubes, soplando el viento que dibuja un mensaje en negrita destacado. Aquellos luceros negros abren lagunas y océanos enteros. Baja el cielo besando la novia de sus encuentros. Esa tierra redonda, preñada de hijos que amamanta con Leche, tocada con hinojo.
Azul lloroso de agua pura y nítida como el sentir de una madre o la bondad del médico que nos ayuda con sus gestos a seguirle por la rosa del viento.
Mirada entendida, sabia y dispuesta, nacarada en su brillo, fulgor de fuego.
Vuelta a casa, certeza de encierro. Los pájaros duermen, preludio de un sueño.
La calma me cubre con su manto de incienso.
¡Fuera la mordaza! La mascarilla se muerde, destripada en un cajón, fin de su momento.
Claudia Ballester Grifo
Mirando tus ojos a pesar del embozo de la mascarilla, veo la luz de tu mirada acariciando una sonrisa de simpatía.
Visita concertada,espejismo de un sol que nos alivia. Reposo entre dos días de agua vertida y agua que se avecina.
Llegué nerviosa tras dos meses de encierro, hogar de mi seguridad, templo de mi alegría.
Llegué de la mano del compañero de mi vida.
Me recibió un centro vacío, un ambiente espartano y limpio.
Llegué, entré y se escribió mi destino.
Se ha acotado la solucion para mi desatino. Se arreglará, al final, lo que pintaba mal en su inicio.
Gracias a mi médico, el vascular de bata blanca que me dio esperanza y la llave de mi confianza.
Cabalgan las nubes, soplando el viento que dibuja un mensaje en negrita destacado. Aquellos luceros negros abren lagunas y océanos enteros. Baja el cielo besando la novia de sus encuentros. Esa tierra redonda, preñada de hijos que amamanta con Leche, tocada con hinojo.
Azul lloroso de agua pura y nítida como el sentir de una madre o la bondad del médico que nos ayuda con sus gestos a seguirle por la rosa del viento.
Mirada entendida, sabia y dispuesta, nacarada en su brillo, fulgor de fuego.
Vuelta a casa, certeza de encierro. Los pájaros duermen, preludio de un sueño.
La calma me cubre con su manto de incienso.
¡Fuera la mordaza! La mascarilla se muerde, destripada en un cajón, fin de su momento.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 14 de mayo de 2020
JAQUECA.
Pesado está el muro de este azul compacto,
franela de ladrillo que presiona el algodón,
dibujando un cielo plomizo y lejano.
Se acercan los ojos, perdiendo su marco.
Estrangulan el tercer ojo de brujas y magos.
Se pierden tornillos sin encontrar tuerca
que ajuste el asiento del juicio deseado,
lloviendo acero, agujas de mil llantos.
El individuo viste de historias, alegrías y penas
que bordan su vida y confeccionan el manto
de sus victorias.
Si el tiempo corre y no se atiende el devenir
de sus penas, se hincan las rodillas en asfalto
de hortigas, en espino de miseria.
Llenan las plañideras oscuras estancías
de regalo a la tristeza.
Se arrima el desconcierto,
bullen los vapores de la perplejidad y el estupor,
se regalan palabras de arlequín,
mascarada huyendo del miedo.
Plomizo el techo del mundo,
cabezas inclinadas al peso.
Miradas rendidas a migajas,
gotitas de agua trasladadas por el viento.
¡¡¡Ayyyy, tierra querida!!!
Amor de mis amores.
Gente de mis pueblos, mi querida gente.
¡¡¡Ayyyy, arena de mis vientos!!!
Polvo al polvo, sangre abrazando
el campo de su muerte.
Claudia Ballester Grifo.
Pesado está el muro de este azul compacto,
franela de ladrillo que presiona el algodón,
dibujando un cielo plomizo y lejano.
Se acercan los ojos, perdiendo su marco.
Estrangulan el tercer ojo de brujas y magos.
Se pierden tornillos sin encontrar tuerca
que ajuste el asiento del juicio deseado,
lloviendo acero, agujas de mil llantos.
El individuo viste de historias, alegrías y penas
que bordan su vida y confeccionan el manto
de sus victorias.
Si el tiempo corre y no se atiende el devenir
de sus penas, se hincan las rodillas en asfalto
de hortigas, en espino de miseria.
Llenan las plañideras oscuras estancías
de regalo a la tristeza.
Se arrima el desconcierto,
bullen los vapores de la perplejidad y el estupor,
se regalan palabras de arlequín,
mascarada huyendo del miedo.
Plomizo el techo del mundo,
cabezas inclinadas al peso.
Miradas rendidas a migajas,
gotitas de agua trasladadas por el viento.
¡¡¡Ayyyy, tierra querida!!!
Amor de mis amores.
Gente de mis pueblos, mi querida gente.
¡¡¡Ayyyy, arena de mis vientos!!!
Polvo al polvo, sangre abrazando
el campo de su muerte.
Claudia Ballester Grifo.
VIDA.
Al filo de la espada
con la carne abierta,
apretada la mirada
cuando la garganta se cierra
y el instinto se levanta
felino en lenta manivela.
El lomo erizado cual gata
en defensa,
enseñando los colmillos,
avizora de intenciones
maliciosas.
Brillante esmeralda en la
oscuridad del túnel,
pasillo incierto de largo
recorrido.
Pérfido instinto del alma
perdida , huyendo por un
mar de sombras, lamiendo
el infierno de su fuego.
Sedienta y deshidratada
va la vida, oculta, escondida
del mal augurio.
Se juega al escondite
de lo mundano y lo divino.
Abrazo la melancolía de
la fuerza del cariño,
el apoyo a lo sencillo,
ingenuidad del niño.
Un reposo en esta fatiga
que acelera el sueño
para despertar a un día
renacido.
Se dobla la espada,
se borra su filo,
corte de madera,
sin sangre ni dolor
que deje huella.
¡Oh, vida! Dame aire,
quiero volar lejos,
bailar contigo,
caer derrotada de fiesta
y vino.
Claudia Ballester Grifo
Al filo de la espada
con la carne abierta,
apretada la mirada
cuando la garganta se cierra
y el instinto se levanta
felino en lenta manivela.
El lomo erizado cual gata
en defensa,
enseñando los colmillos,
avizora de intenciones
maliciosas.
Brillante esmeralda en la
oscuridad del túnel,
pasillo incierto de largo
recorrido.
Pérfido instinto del alma
perdida , huyendo por un
mar de sombras, lamiendo
el infierno de su fuego.
Sedienta y deshidratada
va la vida, oculta, escondida
del mal augurio.
Se juega al escondite
de lo mundano y lo divino.
Abrazo la melancolía de
la fuerza del cariño,
el apoyo a lo sencillo,
ingenuidad del niño.
Un reposo en esta fatiga
que acelera el sueño
para despertar a un día
renacido.
Se dobla la espada,
se borra su filo,
corte de madera,
sin sangre ni dolor
que deje huella.
¡Oh, vida! Dame aire,
quiero volar lejos,
bailar contigo,
caer derrotada de fiesta
y vino.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 11 de mayo de 2020
CRISTAL.
A través del cristal, túnel de mi tiempo me sumerjo en un bucle de torbellinos negros.
A través de la luz que atraviesa lo diáfano de la claridad, las enredaderas verdes llenan de humedad las oquedades cimbreando un mundo de inquietud y perplejidad.
A través del parvulario de colores silenciado por necesidad, se elevan fantasmas de risas, cuna de la tercera edad.
Necesitamos medidas para aliviar la agonía de unas mentes que no entienden de soledad.
Lo que no mate la COVID19 se lo va a llevar la tristeza y el abandono de mentes que solo entienden de abrazos y besos, cariño tangible de hogar.
A través del velo de la solidaridad, no sólo de pan vive el hombre, la espiritualidad no es un asunto vanal.
Trabajemos los aspectos humanos y encontraremos sanidad.
Trabajemos el espíritu y en el amor hallaremos la caridad.
Reencontremos los caminos para disfrutar del viaje con equidad.
Lleguemos en remanso río a cálidas playas con baño de sinceridad.
Qué la sal alimente el brío y las olas besen los sentidos, ansiosos de un baño de libertad.
Nadando todos hacia una isla de misericordia y amistad.
Todos hermanados por el interés de vencer al enemigo que es uno y nosotros somos más.
Las réplicas sometidas, nuestras voces no son una singularidad, pero radica su fuerza en esa maravillosa pluralidad.
Los fallos se enmiendan entre muchos, retazos que enriquecen la estrategia en una batalla que con sus errores puede una guerra ganar.
¿Es tanto pedir un poco de dignidad?
La confusión no permite ninguna claridad. Si no hay transparencia, si no vestimos tela de verdad, el mundo será menos mundo, sembrado de hambre y mortandad.
Qué no nos confunda el miedo. Es tiempo de valentia y de moderar hacia dónde dirigir los pasos, con quien avanzar.
Claudia Ballester Grifo
A través del cristal, túnel de mi tiempo me sumerjo en un bucle de torbellinos negros.
A través de la luz que atraviesa lo diáfano de la claridad, las enredaderas verdes llenan de humedad las oquedades cimbreando un mundo de inquietud y perplejidad.
A través del parvulario de colores silenciado por necesidad, se elevan fantasmas de risas, cuna de la tercera edad.
Necesitamos medidas para aliviar la agonía de unas mentes que no entienden de soledad.
Lo que no mate la COVID19 se lo va a llevar la tristeza y el abandono de mentes que solo entienden de abrazos y besos, cariño tangible de hogar.
A través del velo de la solidaridad, no sólo de pan vive el hombre, la espiritualidad no es un asunto vanal.
Trabajemos los aspectos humanos y encontraremos sanidad.
Trabajemos el espíritu y en el amor hallaremos la caridad.
Reencontremos los caminos para disfrutar del viaje con equidad.
Lleguemos en remanso río a cálidas playas con baño de sinceridad.
Qué la sal alimente el brío y las olas besen los sentidos, ansiosos de un baño de libertad.
Nadando todos hacia una isla de misericordia y amistad.
Todos hermanados por el interés de vencer al enemigo que es uno y nosotros somos más.
Las réplicas sometidas, nuestras voces no son una singularidad, pero radica su fuerza en esa maravillosa pluralidad.
Los fallos se enmiendan entre muchos, retazos que enriquecen la estrategia en una batalla que con sus errores puede una guerra ganar.
¿Es tanto pedir un poco de dignidad?
La confusión no permite ninguna claridad. Si no hay transparencia, si no vestimos tela de verdad, el mundo será menos mundo, sembrado de hambre y mortandad.
Qué no nos confunda el miedo. Es tiempo de valentia y de moderar hacia dónde dirigir los pasos, con quien avanzar.
Claudia Ballester Grifo
PALETA DE COLOR.
Diáfana la blanca cortina
que danza con la brisa
bañada en un sol que
se derrite en lava
ganando terreno.
Se invita la luz desplegando
una armonía de colores,
levantando el ánimo,
llenando de esperanza
cajones vacíos en la sombra
de la incertidumbre
y el miedo.
Riza el azul la galopada
del viento.
Inmaculado el blanco
del algodón del cielo.
En dorada aura se ciñe
la diadema del bucle de luz
que calienta el pueblo.
Sube el vapor de la risa
de las olas al cruzar sus cuerpos.
Se eleva trenzando figuras
de bailarinas que ondulan
sus ritmos, creando armonías
que transportan los aires
en torbellinos de placer
y sueños.
Esperanza que renace
con los tallos verdes.
Madura el campo vistiendo
de oro
el trabajo y el empeño.
Cultivo y naturaleza de
la mano.
Comunión de la necesidad,
de la ilusión
y el encanto.
Claudia Ballester Grifo
Diáfana la blanca cortina
que danza con la brisa
bañada en un sol que
se derrite en lava
ganando terreno.
Se invita la luz desplegando
una armonía de colores,
levantando el ánimo,
llenando de esperanza
cajones vacíos en la sombra
de la incertidumbre
y el miedo.
Riza el azul la galopada
del viento.
Inmaculado el blanco
del algodón del cielo.
En dorada aura se ciñe
la diadema del bucle de luz
que calienta el pueblo.
Sube el vapor de la risa
de las olas al cruzar sus cuerpos.
Se eleva trenzando figuras
de bailarinas que ondulan
sus ritmos, creando armonías
que transportan los aires
en torbellinos de placer
y sueños.
Esperanza que renace
con los tallos verdes.
Madura el campo vistiendo
de oro
el trabajo y el empeño.
Cultivo y naturaleza de
la mano.
Comunión de la necesidad,
de la ilusión
y el encanto.
Claudia Ballester Grifo
CISNE NEGRO.
Se despliega la luz en la estancia.
Juegan los corpúsculos
cabalgando en los colores
que se derraman en el suelo
bruñendo un espejo
de encerado que ahuyenta
el sueño.
Bosteza el estiramiento de
un cuerpo.
Se limitan los movimientos
por una fina ligadura
que confina los libres gestos.
Hilos que sujetan y no vemos.
Giros de marioneta que golpean
el cuerpo,
producen náuseas,
mareo y desconcierto.
Marionetas de carne y hueso.
Almas encerradas en un corcho
que se apelmaza en seco.
Se encartona la crítica
de tanto despropósito.
Deshidratan las lágrimas,
derramadas en un lago
sin retorno.
Danza de velo corto.
Gemido de muñeca.
Silueta de un cisne negro,
alejándose en el agua
que nos da vida a todos.
Estela de una mirada,
bajando la persiana
de sus ojos.
Claudia Ballester Grifo
Se despliega la luz en la estancia.
Juegan los corpúsculos
cabalgando en los colores
que se derraman en el suelo
bruñendo un espejo
de encerado que ahuyenta
el sueño.
Bosteza el estiramiento de
un cuerpo.
Se limitan los movimientos
por una fina ligadura
que confina los libres gestos.
Hilos que sujetan y no vemos.
Giros de marioneta que golpean
el cuerpo,
producen náuseas,
mareo y desconcierto.
Marionetas de carne y hueso.
Almas encerradas en un corcho
que se apelmaza en seco.
Se encartona la crítica
de tanto despropósito.
Deshidratan las lágrimas,
derramadas en un lago
sin retorno.
Danza de velo corto.
Gemido de muñeca.
Silueta de un cisne negro,
alejándose en el agua
que nos da vida a todos.
Estela de una mirada,
bajando la persiana
de sus ojos.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 10 de mayo de 2020
VAGABUNDO.
Los latidos de mi corazón
se acompasan al movimiento
de las hojas.
Cimbrean las ramas al ritmo
de una brisa que apenas
se sospecha.
Se viste el cielo de un morado
de Cuaresma, surcando su lienzo
alas de trino que eleva un rezo.
Mi vista alcanza al vagabundo
sentado en su banco,
domicilio de sus días.
Vestido de buen tiempo
con el pelo corto,
rasurado, destapando
una juventud cubierta
por la dejadez del invierno.
Se echa la falta de su compañero
por muchos años.
Su fiel can con el que compartía
comida y abrazos.
Con él plasma una cordura
que deliraba con el ser
humano.
Tiempo de resguardo, casa segura
para huir del contagio.
Sigue habiendo gente sola
lidiando al peligro,
bendecida por el sol
y la calle, manteniendo la
idiosincrasia y la libertad
de su mente.
¿Qué será de su soledad?
¿Qué alargó su mano a pedir
a la gente?
¿Dónde se rompió su esquema?
Mirada introspectiva,
desnudo de dinero,
escaparate donde nadie
mira y la indiferencia precede.
Mendigo de los caminos.
Silencio del que observa
y asiente.
No conozco tus ojos,
la verdad de tu mirada
se ensombrece.
Claudia Ballester Grifo
Los latidos de mi corazón
se acompasan al movimiento
de las hojas.
Cimbrean las ramas al ritmo
de una brisa que apenas
se sospecha.
Se viste el cielo de un morado
de Cuaresma, surcando su lienzo
alas de trino que eleva un rezo.
Mi vista alcanza al vagabundo
sentado en su banco,
domicilio de sus días.
Vestido de buen tiempo
con el pelo corto,
rasurado, destapando
una juventud cubierta
por la dejadez del invierno.
Se echa la falta de su compañero
por muchos años.
Su fiel can con el que compartía
comida y abrazos.
Con él plasma una cordura
que deliraba con el ser
humano.
Tiempo de resguardo, casa segura
para huir del contagio.
Sigue habiendo gente sola
lidiando al peligro,
bendecida por el sol
y la calle, manteniendo la
idiosincrasia y la libertad
de su mente.
¿Qué será de su soledad?
¿Qué alargó su mano a pedir
a la gente?
¿Dónde se rompió su esquema?
Mirada introspectiva,
desnudo de dinero,
escaparate donde nadie
mira y la indiferencia precede.
Mendigo de los caminos.
Silencio del que observa
y asiente.
No conozco tus ojos,
la verdad de tu mirada
se ensombrece.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 9 de mayo de 2020
MANTO DE ESTRELLAS.
Estoy enfadada con el mundo. Con el transcurrir de una rutina que vive en falsete y en un respiro que sin ser productivo atonta a la gente.
Respiramos un aire opiaceo que nos sumerge en una realidad paralela de bonanza y siesta.
No somos conscientes de nada. La vida avanza y nosotros a un lado. De paseo por la orilla de un mar salado. Pisando los cadáveres que escondidos no vemos ni penamos.
Se discuten las irregularidades de las residencias. Los ancianos han caído en primera línea de guerra. Que si públicas o privadas, culpa, culpita de ellas. Los cuidadores a punto de la locura, enfermos y agotados. Sin medios y olvidados, no son hospitales, son hogares que los atiende y los cuida.
El vicepresidente y ministro de asuntos sociales se lava las manos diciendo que les dio un dinero que no les ha llegado.
De todas maneras era más urgente enviar medios y un protocolo para evitar el mal resultado.
Se tiran las culpas, asunto para juzgado. Mientras la basura se llena y se desvía la atención de asuntos de mayor calado.
Hablamos de víctimas. No son números ni estadística. Son abuelos y padres que perdemos sin estar a su lado. Siento rabia y miedo de que esto esté pasando. No me creo que nadie se de cuenta del mal dirigir de este gobierno extraño.
Estoy enfadada conmigo misma por digerir tan mal lo que está pasando. Siento que con este asunto se va la vida que hemos mamado. Se van los valores cogidos de un manto, subiendo en peregrinación con las lágrimas que derramo.
Claudia Ballester GrifoClaudia Ballester Grifo
Estoy enfadada con el mundo. Con el transcurrir de una rutina que vive en falsete y en un respiro que sin ser productivo atonta a la gente.
Respiramos un aire opiaceo que nos sumerge en una realidad paralela de bonanza y siesta.
No somos conscientes de nada. La vida avanza y nosotros a un lado. De paseo por la orilla de un mar salado. Pisando los cadáveres que escondidos no vemos ni penamos.
Se discuten las irregularidades de las residencias. Los ancianos han caído en primera línea de guerra. Que si públicas o privadas, culpa, culpita de ellas. Los cuidadores a punto de la locura, enfermos y agotados. Sin medios y olvidados, no son hospitales, son hogares que los atiende y los cuida.
El vicepresidente y ministro de asuntos sociales se lava las manos diciendo que les dio un dinero que no les ha llegado.
De todas maneras era más urgente enviar medios y un protocolo para evitar el mal resultado.
Se tiran las culpas, asunto para juzgado. Mientras la basura se llena y se desvía la atención de asuntos de mayor calado.
Hablamos de víctimas. No son números ni estadística. Son abuelos y padres que perdemos sin estar a su lado. Siento rabia y miedo de que esto esté pasando. No me creo que nadie se de cuenta del mal dirigir de este gobierno extraño.
Estoy enfadada conmigo misma por digerir tan mal lo que está pasando. Siento que con este asunto se va la vida que hemos mamado. Se van los valores cogidos de un manto, subiendo en peregrinación con las lágrimas que derramo.
Claudia Ballester GrifoClaudia Ballester Grifo
viernes, 8 de mayo de 2020
COHETE.
Me siento cohete que bulle por dentro. Explota en su cola y asciende con la rectitud que programa su adiestro.
Disciplina de muchos, ingenio de otros. Sabiduría conjunta para el programa del universo.
Alcanzo altura y en febril carrera voy desoyendo el mantra que se repite en un holocausto de medias verdades, bulos oficiales, desdibujando una historía de muchos libros impresos.
Se desprende la cola y olvido en ella esas garrapatas que empozoñan mis sueños. Aumenta la temperatura para la desintegración de la rabia que azota mis músculos en paroxismo de miedo.
Desintegración de la escoria que contamina los principios de la mirada abierta abrazando los ánimos. Humo sin vista ni secuelas que se automutila para bien de los ateridos de tanta fría ignominia.
Sube la nave alcanzando su honra, navegando unos mares de silencio en los vahídos de la misericordia.
Rosario de complacencia que relaja los estímulos sin gravedad que nos de fuerza. Tesitura de un tiempo que no marca aguja en su inocencia.
Detritus de mentiras, estadísticas engañosas, tirarse las culpas para luto de todos y lágrimas de impotencia.
Suena el silencio. Cierro los ojos y me sumerjo en una nada que me aleja del infinito, tocando el vacío, rasgando el agujero negro.
Claudia Ballester Grifo
Me siento cohete que bulle por dentro. Explota en su cola y asciende con la rectitud que programa su adiestro.
Disciplina de muchos, ingenio de otros. Sabiduría conjunta para el programa del universo.
Alcanzo altura y en febril carrera voy desoyendo el mantra que se repite en un holocausto de medias verdades, bulos oficiales, desdibujando una historía de muchos libros impresos.
Se desprende la cola y olvido en ella esas garrapatas que empozoñan mis sueños. Aumenta la temperatura para la desintegración de la rabia que azota mis músculos en paroxismo de miedo.
Desintegración de la escoria que contamina los principios de la mirada abierta abrazando los ánimos. Humo sin vista ni secuelas que se automutila para bien de los ateridos de tanta fría ignominia.
Sube la nave alcanzando su honra, navegando unos mares de silencio en los vahídos de la misericordia.
Rosario de complacencia que relaja los estímulos sin gravedad que nos de fuerza. Tesitura de un tiempo que no marca aguja en su inocencia.
Detritus de mentiras, estadísticas engañosas, tirarse las culpas para luto de todos y lágrimas de impotencia.
Suena el silencio. Cierro los ojos y me sumerjo en una nada que me aleja del infinito, tocando el vacío, rasgando el agujero negro.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 7 de mayo de 2020
MEMORÍA.
Me gustaría vivir en el sueño de un mañana de abrazos y sentir la brisa marina enredando en mi pelo.
Llevo 6 años sin pisar la arena del mar por mis problemas vasculares. Estoy muy limitada en mis posibilidades y comprendo el sentir de la gente. He aprendido a vivir confinada y muy limitada desde hace 25 años. Estoy hecha y he sobrevivido precisamente a mi facilidad de adaptación.
No pasa nada. Es un mantra que se debe repetir el que siente miedo. Se puede abrazar sin contacto y besar la huella del aroma que trae el viento. Se puede arrullar el amor que de tanto quererse se arremolina y se desplaza hasta por el desierto. Se pueden romper las cadenas que nos esclaviza al miedo y sacar de lo bueno lo más óptimo. Se puede volar cubriendo las cumbres y oteando el rizar de las olas lamiendo un beso.
Me gustaría soñar que soy pluma y me desplazo sin peso. Juego con las nubes y escribo en un lienzo azul palabras de aliento. Llueve su tinta y abraza la tierra y a su gente que sedienta alza su mirada al cielo.
Me gustaría caer en un mar abierto que me empapa con su agua y me cura con sus sales. Disfrutar del sol como un padre que acaricia mi silueta ligera como el aire. Nadar sobre su superficie y a merced de las corrientes aventurarme en el capricho de un viaje sin pensar ni pesares.
Me gustaría ser respuesta para colmar las dudas y aclarar temores que no encuentran madre que los acune.
Ser sonrisa en los semblantes de plástico que sin arrugas que los flexibilice se ahogan en un estiramiento estanco.
Ser la madre Luna que penetra en los dormitorios de un soñar plácido. Un collar de estrellas de estela que ilumine un gozar seguro y calmo.
Claudia Ballester Grifo
Me gustaría vivir en el sueño de un mañana de abrazos y sentir la brisa marina enredando en mi pelo.
Llevo 6 años sin pisar la arena del mar por mis problemas vasculares. Estoy muy limitada en mis posibilidades y comprendo el sentir de la gente. He aprendido a vivir confinada y muy limitada desde hace 25 años. Estoy hecha y he sobrevivido precisamente a mi facilidad de adaptación.
No pasa nada. Es un mantra que se debe repetir el que siente miedo. Se puede abrazar sin contacto y besar la huella del aroma que trae el viento. Se puede arrullar el amor que de tanto quererse se arremolina y se desplaza hasta por el desierto. Se pueden romper las cadenas que nos esclaviza al miedo y sacar de lo bueno lo más óptimo. Se puede volar cubriendo las cumbres y oteando el rizar de las olas lamiendo un beso.
Me gustaría soñar que soy pluma y me desplazo sin peso. Juego con las nubes y escribo en un lienzo azul palabras de aliento. Llueve su tinta y abraza la tierra y a su gente que sedienta alza su mirada al cielo.
Me gustaría caer en un mar abierto que me empapa con su agua y me cura con sus sales. Disfrutar del sol como un padre que acaricia mi silueta ligera como el aire. Nadar sobre su superficie y a merced de las corrientes aventurarme en el capricho de un viaje sin pensar ni pesares.
Me gustaría ser respuesta para colmar las dudas y aclarar temores que no encuentran madre que los acune.
Ser sonrisa en los semblantes de plástico que sin arrugas que los flexibilice se ahogan en un estiramiento estanco.
Ser la madre Luna que penetra en los dormitorios de un soñar plácido. Un collar de estrellas de estela que ilumine un gozar seguro y calmo.
Claudia Ballester Grifo
UN NUEVO DÍA.
Llevo 52 días de confinamiento, pero no me preocupa. El peligro está fuera y mientras no haya más protección, se hagan tests y tengan controlados los focos de contagio no pienso salir.
En la Edad Media los castillos eran asediados y podían pasar años de confinamiento. El ser humano está preparado para esto y mucho más. La libertad está en la mente. Nuestra imaginación vuela con los sueños y nuestra voluntad nos ayuda a adaptarnos a la nueva realidad.
Fortaleza para proteger a los demás y a nosotros mismos.
Tenemos necesidad de trabajar para mantener la economía, pero no necesitamos acínarnos en la calle para sudar la camiseta. De pronto el deporte es la afición general.
No busquemos excusas para salir sin ser estrictamente necesario. Conocemos las premisas y las medidas de seguridad. No juguemos a la picaresca porque lo único que vamos a conseguir es retroceder.
El uso de mascarillas es vital. Mantener las distancias y al llegar a casa ducha. El pelo recogido, nada de abalorios y mucha sensatez.
Por mi inmunosupresión desde hace 25 años ya mantengo unas medidas preventivas. Estoy habituada y como persona de riesgo mantengo una disciplina diaria dentro de casa.
Me hago una media de 6km al día andando. Hay días que hasta 8km.
2h de bicicleta estática.
Vivo en un espacio de 92 m cuadrados distribuidos en dos plantas con lo que ando en un espacio de 42 m cuadrados.
Podemos y debemos ponerlo todo de nuestra parte. Sostener el ánimo y alentar a los que decaen. Mantener la conversación telefónica con la familia y los amigos y seguir reforzando los lazos de los que nos importan.
Disposición para la alegría y el reconocimiento a una vida maravillosa que nos regala con el despertar diario una oportunidad nueva.
El sol ilumina la calle y cae a plomo. Sus rayos ultravioleta entran en casa desinfectando nuestro entorno. Es bueno y deseable abrir las ventanas y jugar con los rayos sin miedo a quemarnos. La primavera ha entrado en los hogares con promesa de verano.
Resiliencia, amigos. ❤️
Claudia Ballester Grifo
Llevo 52 días de confinamiento, pero no me preocupa. El peligro está fuera y mientras no haya más protección, se hagan tests y tengan controlados los focos de contagio no pienso salir.
En la Edad Media los castillos eran asediados y podían pasar años de confinamiento. El ser humano está preparado para esto y mucho más. La libertad está en la mente. Nuestra imaginación vuela con los sueños y nuestra voluntad nos ayuda a adaptarnos a la nueva realidad.
Fortaleza para proteger a los demás y a nosotros mismos.
Tenemos necesidad de trabajar para mantener la economía, pero no necesitamos acínarnos en la calle para sudar la camiseta. De pronto el deporte es la afición general.
No busquemos excusas para salir sin ser estrictamente necesario. Conocemos las premisas y las medidas de seguridad. No juguemos a la picaresca porque lo único que vamos a conseguir es retroceder.
El uso de mascarillas es vital. Mantener las distancias y al llegar a casa ducha. El pelo recogido, nada de abalorios y mucha sensatez.
Por mi inmunosupresión desde hace 25 años ya mantengo unas medidas preventivas. Estoy habituada y como persona de riesgo mantengo una disciplina diaria dentro de casa.
Me hago una media de 6km al día andando. Hay días que hasta 8km.
2h de bicicleta estática.
Vivo en un espacio de 92 m cuadrados distribuidos en dos plantas con lo que ando en un espacio de 42 m cuadrados.
Podemos y debemos ponerlo todo de nuestra parte. Sostener el ánimo y alentar a los que decaen. Mantener la conversación telefónica con la familia y los amigos y seguir reforzando los lazos de los que nos importan.
Disposición para la alegría y el reconocimiento a una vida maravillosa que nos regala con el despertar diario una oportunidad nueva.
El sol ilumina la calle y cae a plomo. Sus rayos ultravioleta entran en casa desinfectando nuestro entorno. Es bueno y deseable abrir las ventanas y jugar con los rayos sin miedo a quemarnos. La primavera ha entrado en los hogares con promesa de verano.
Resiliencia, amigos. ❤️
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 6 de mayo de 2020
¡Madre!
Mirada limpia en la que se bañan mis sentidos.
Piel que roza con ternura
la sed del hijo unido a tu destino.
¡Oh, madre!
Tú entre las mujeres bendecida
por el reguero de la vida
poblando la tierra de simiente,
llenando de fragancia
la esperanza del recién nacido.
Madre e hijo por cordón unidos,
conexión jurada por el discurrir
de la arena,
manos abrazadas con fuerte nudo.
¡Ayyyy, madre!
Modelo y estampa de la locura
de mis aciertos y desaciertos.
Espejo donde mimetizo
tu andar resuelto.
Es la madre una canción
al viento.
Ese color que alegra una mancha en negro.
La luz que arrincona las sombras
de dudas y miedos.
¡Oh, madre!
Solo con tu presencia palpita
mi pecho.
Es tu ausencia la que envía
mi alma en busca de tu recuerdo.
Claudia Ballester Grifo.
Autor: Claudia Ballester Grifo.
Nacionalidad: Española.
Poema: Oda a la madre.
Título: La madre.
LA MADRE.
Es la madre naturaleza
un bálsamo de vida
que arranca los mejores sentimientos
de la gente bien nacida.
Es la madre que en todas las especies
arrebuja a su recién nacido
con el amor de su simiente.
En el calor de un empeño
que la piel entiende.
Es la madre una amapola
prendida en el campo de la vida.
Arrebuja con sus pétalos,
regalando el aroma que nos anima.
Piel con piel, susurro de alas
en un batir de ensueño
que nos transporta
por un cuento de hadas,
un teatro de opereta,
una realidad deseada.
Mirada hacia dentro
con las pupilas agrandadas.
Oscuridad en una laguna,
bendecida por las estrellas
y la luna, madre plateada.
Roce íntimo de alma venerada,
sonrisa de ejemplo,
madre respetada,
mujer de rama recia,
raíces oradando una
tierra sagrada.
Madre de todos,
de los unos y los otros,
de flores variadas,
cactus y rastrojos.
Madres que han parido,
madres que han acogido
en su querer a hijos de otros.
Madres que dan su sangre,
por amor a los hijos
de sus ojos.
Claudia Ballester Grifo.
Nacionalidad: Española.
Poema: Oda a la madre.
Título: La madre.
LA MADRE.
Es la madre naturaleza
un bálsamo de vida
que arranca los mejores sentimientos
de la gente bien nacida.
Es la madre que en todas las especies
arrebuja a su recién nacido
con el amor de su simiente.
En el calor de un empeño
que la piel entiende.
Es la madre una amapola
prendida en el campo de la vida.
Arrebuja con sus pétalos,
regalando el aroma que nos anima.
Piel con piel, susurro de alas
en un batir de ensueño
que nos transporta
por un cuento de hadas,
un teatro de opereta,
una realidad deseada.
Mirada hacia dentro
con las pupilas agrandadas.
Oscuridad en una laguna,
bendecida por las estrellas
y la luna, madre plateada.
Roce íntimo de alma venerada,
sonrisa de ejemplo,
madre respetada,
mujer de rama recia,
raíces oradando una
tierra sagrada.
Madre de todos,
de los unos y los otros,
de flores variadas,
cactus y rastrojos.
Madres que han parido,
madres que han acogido
en su querer a hijos de otros.
Madres que dan su sangre,
por amor a los hijos
de sus ojos.
Claudia Ballester Grifo.
lunes, 4 de mayo de 2020
SOÑANDO LIBERTAD.
Recostada en el tronco de un pino. Fuerte y territorial marcando su camino.
Sumergida en unos pensamientos que me embuden recorriendo mil laberintos.
En medio de una naturaleza que me brinda todos sus recursos me siento libre y ligera, atenta a a cualquier sonido.
Me alienta un trino amigo. Se acerca a mi hombro para alcanzar mi oído y me regala ritmos que abren el espíritu. Me llega la amistad en alas de pluma y en este tiempo sin abrazos y amigos me es grato el apego de su cantinela y los aires que me transmite del mundo.
La libertad va en un barco de vela y surca los confines sin timón dirigido. Es la manipulación cárcel severa que coarta horizontes y deja yerma la tierra.
No dejes que los espejismos te arrastren por un desierto de dunas porque para ser libre solo se necesita tener capacidad de romper cadenas.
Me susurra la avecilla colores de vidas llenas. Historias de pueblos, legados de hijos que continúan tareas. Guerras y campañas de sangre regando las tierras. Luchas de vanidad y orgullos cruzando fronteras.
Para ser libre hay que tener las agallas de merecerlo y madera. Capacidad de soñar y un mundo de cuartillas para visualizar un siendo aunque no se vea.
Claudia Ballester Grifo
Recostada en el tronco de un pino. Fuerte y territorial marcando su camino.
Sumergida en unos pensamientos que me embuden recorriendo mil laberintos.
En medio de una naturaleza que me brinda todos sus recursos me siento libre y ligera, atenta a a cualquier sonido.
Me alienta un trino amigo. Se acerca a mi hombro para alcanzar mi oído y me regala ritmos que abren el espíritu. Me llega la amistad en alas de pluma y en este tiempo sin abrazos y amigos me es grato el apego de su cantinela y los aires que me transmite del mundo.
La libertad va en un barco de vela y surca los confines sin timón dirigido. Es la manipulación cárcel severa que coarta horizontes y deja yerma la tierra.
No dejes que los espejismos te arrastren por un desierto de dunas porque para ser libre solo se necesita tener capacidad de romper cadenas.
Me susurra la avecilla colores de vidas llenas. Historias de pueblos, legados de hijos que continúan tareas. Guerras y campañas de sangre regando las tierras. Luchas de vanidad y orgullos cruzando fronteras.
Para ser libre hay que tener las agallas de merecerlo y madera. Capacidad de soñar y un mundo de cuartillas para visualizar un siendo aunque no se vea.
Claudia Ballester Grifo
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