VIVA.
Los vivos sienten la ausencia de los muertos, pero hay muertos que en su ausencia viven más que algunos vivos. Es el legado el que marca la diferencia. El bagaje de una vida.
He hablado con madres que han visto partir a sus hijos. Últimas palabras de resignación y preocupación por lo que dejan. Hijos amantes preocupados por su familia que se van con la mente lúcida y el cuerpo a la batalla rendido.
He visto lágrimas contenidas, resbalando la acuosa agua por las mejillas. Miradas bajas de pena, labios verbalizando una separación nunca querida.
Se estremecen mis sentidos cuando escucho con la confidencialidad de un médico o un cura. Trago las penas y las hago mías. Sobre todo porque puedo entenderlas , porque tengo una familia a la que digo cada dia que la quiero por si es pronta la partida.
Veo el cielo azul dibujando nubes todos los días.
Se asoman las flores a la ventana de mi vida. Reflejo de colores y aromas que respiro con pleitesia.
Siento la luz y la algarabía y disfruto del momento, tinto en mi comida.
Soy feliz porque conozco el dolor y la pena y hago del tema una cuartilla a arrugar y de una patada al borrador de otra vía.
Si muero algun dia y de eso no me cabe ninguna duda, no digáis nunca de mí que ya descansa, pobrecita.
No está en mi ánimo descansar ni hoy ni ningún dia. El dia que duerma para no despertar con mi familia me he ido de sorpresa en una noche plagada de sueños y de mil vidas.
Podréis decir que ya vuela la recién nacida y pegada a los suyos por no dejarlos en la estampida.
Claudia Ballester Grifo

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