EN BARCELONA.
El sol bosteza calentando esos 13 grados que se colan por las anquilosadas articulaciones.
Despierta la mañana para la visita al Clínico con los viandantes barceloneses.
Alguna mascarilla recordando el Coronavirus, calma en el ambiente.
Antisépticos, barra libre, dando los buenos días a toda la gente.
Visita concertada cada cuatro meses. Descanso la espera en el solárium de mi coche, mientras unos ronquidos me recuerdan que no hago sola el viaje.
A las 4 de la mañana estábamos rodando por la casi gratis autopista. Aún se paga un tramo, pero ya da para una alegría.
Extracción de sangre, entregada la orina.
Desayuno de señores en una cafetería.
Paseo por la ciudad que es una maravilla. Por más conocida no es menos grata la visita por la villa. El sol nos abraza despojándonos de la gabardina. A disfrutar del tiempo mientras se hace hora de consulta.
El resultado a la hora de la comida. Si todo va bien, emprenderemos el camino de regreso tras las viandas del mediodía.
Si no va tan bien sonreiremos al mañana y dormiremos en casa para reposar la noticia.
Qué vaya mal es imposible para mi entender y logística. Nunca va nada mal cuando uno nace optimista.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario