martes, 24 de marzo de 2020

BAÑO DE LUNA.
El agua se desliza mansa, rica y buena.
Se vacía en pequeños charcos que despiertan burbujas, rizos de ondas que se agitan en el reflejo de la luz de la farola.
Repica sobre los tejados, mojando su melena. Deshaciendo en baños rojos el adobe de sus tejas.

La ráfaga mengua, se aquieta, se silencia. Queda el requesón de la luna dándose un baño en el lago de las aceras.
Vigilan las torres con la tutela de velas mientras otros duermen acunados por la cantinela.
Corren las nubes para descargar su herencía y paran y mueven según la melodía compuesta.

Renacen las burbujas, se abrazan y tocan. Bullen dando vida al manto que las forma.
Halo de brillo susurrando al vacío en unas calles vacías que se rinden a la noche que baila sola.
Desde el tercero una figura observa.
Mueve su cuerpo, al ritmo de piernas inquietas.
Se empapa con sigilo de la humedad que se destila. Mendiga cada gota el verde del vestido, ese árbol amigo que se inclina con respeto cercano a la fachada.
Es la lluvia protagonista de esta noche, tinta que dibuja el sentir de un alma, fiel reflejo a través de su ventana.
Claudia Ballester Grifo

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