EL ESCRITOR.
La pluma del escritor vomita los caprichos y las necesidades del autor.
Dibuja signos comprensibles que van cogiendo forma y fuerza dirigidos por un trazo que refleja voluntad propia.
Empezamos a escribir con un sentimiento que nos ahoga y pugna por manifestarse o no.
A veces nos mueve la necesidad de escribir sin saber qué decir. Nos enfrentamos a una cuartilla o al teclado del móvil u ordenador. Unos segundos de espera y de pronto se acelera la comunicación. Corren los dedos, baila la pluma como la escoba mágica de Disney. Una barre y la pluma pinta palabras en verso o narrativa alada.
Empieza a tejerse la telaraña de la imaginación. Apenas un respiro para seguir con la inspiración. Relatos verídicos o creados, mezcla de los dos, lo importante es que llegue y que cree afición.
Disfruta el que escribe, lo espera el lector, aplaude las letras o llora de emoción.
Se rinde el escritor a su historia, la mira con estupor. A veces con orgullo, otras con el sentimiento de poder hacerlo mejor. Preferible no tocarla que el hechizo se rompió.
El sentimiento es puro, sano, vivificafor.
El que lee un libro tiene un amigo que le acompaña y entretiene con honor. Llora o ríe, no importa, funciona la comunicación. Si el escrito te deja indiferente, déjalo, fue un mal día del autor.
Un dia fuerte de viento, amigos. Se me cola en casa por la chimenea.
Claudia Ballester Grifo

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