lunes, 2 de marzo de 2020

UN VIAJE.
Me deslicé por el árbol que vivia pegadito a la fachada de la casa. Una de sus fuertes ramas se acodaba en mi ventana formando una silla perfecta donde yo cabalgaba. De allí hasta el suelo deslizándome como una gata de práctica repetida desde muy pequeña.

Un salto y la alfombra de margaritas conformaba mi silueta en la caída. Pétalos de colores con el frescor de la hierba reverdecida.
El sol por montera en el cenit del día. Guiños con las nubes en el acerado azul que alcanza mi vista. Deslumbrando el brillo con reflejo de espejo en las paredes blancas de ojos pintados de claveles y tejas rojas de sombrero.

Me rebozo en el campo de mi tiempo y me elevo con la alondra que curiosa comparte mi cielo. Vuelo ingrávida, despegándome de mi cuerpo. Lo dejo en situación de sueño, liberado de su esencia y me elevó, me elevo...

Recorro campos de flores, huertas de regadío, secano y humus orillando los ríos.  Colores ocres, más marrones, verdes, pardos, rojizos como el vino tinto. Jorobas suaves, ondulaciones en el camino, pliegues más bruscos, picos de nieve como abrigo.

Me sumerjo en los mares de un azul tan lindo que la azulina tiembla ante el color tan bien teñido. Es la sal la barba de su rostro renegrido por un amarillo intenso que hace sudar al mismo Neptuno.
Danzo con los delfines, me sujeto a la aleta del escualo y le hago cosquillas a las barbas de la ballena jorobada.

Rutilante y feliz por sabanas y desiertos. Con leones y tigres, con ñus, cebras y elefantes en su reinado. Entre selvas tropicales y macacos. Nenúfares, orquídeas y lluvia que empapa mis ansias y calma la sed en un viaje precipitado y para siempre recordado.

Deshago el camino y regreso en convulso encuentro con mi cuerpo entre margaritas abandonado. Abro los ojos y sonrio a la vida que me da tanto.
Me subo a mi silla y ruedo hacia casa, mamá me está llamando.  
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:

Publicar un comentario