ALGO QUE APRENDER.
Largos dedos tecleando esas piezas que armonizan los sentidos y nos elevan al espiritual encanto.
Música sacra o clásica que eleva el ánimo y nos abraza arrullando nuestro estado.
Libertad de cada uno para elegir el rescoldo del sol que mejor le llegue.
Llama a la que arrimarse y cobijar el frío de la sombra y del miedo si decide presentarse.
Tiempo de comida casera que hable de delicias que curan.
Familia alrededor de la mesa. Miradas que se buscan.
Padres y madres de albor dorado que en su refugio seguro para no ser malogrados, rezan con las cuentas del rosario por sus hijos, nietos y del mal alcanzados.
Sapiencia que cuando los llamamos, nos devuelven una alegría y entereza que bautiza nuestro ánimo.
No es tiempo de críticas ni dardos envenenados.
Tiempo habrá si no aprendemos lo bastante de este impás de reflexión respetado y necesario.
Hay tanto por rescatar en cada rayo de luz que entra por los resquicios olvidados que es osadía hablar, a todo trapo, con los ojos vendados.
Claudia Ballester Grifo

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