OLIVO.
Tengo un cuenco de madera de olivo. Guarda los jabones del baño. Lleva muchos años con su cometido. El agua deshidrata su corazón con el tiempo.
Derrama su aceite de verde aceituna. Lo deja por el lavabo. Llora sus días de desgaste, el cuenco de belleza revestido. Se ha agotado la cera de su vestido. Blanquea su torso agrietado y envejecido.
Le miro con la tristeza de perder un amigo. Mi corazón llega al suyo y la grieta se acentúa por el paso de un reloj que nos cuesta un recorrido.
La madera ya vino de un árbol caído. La compré a un artesano de feria con un amplio recorrido. Parece una tonteria, pero así lleva la vida su metáfora con sentido.
Me duele mi recipiente querido. Repercute en mi vida, es parte del tesoro recogido.
Ha cumplido. Fue fiel y compartió días y sentires conmigo. ¿Qué hacer con su vejez? Cuidarlo es mi cometido. Limpiaré la mancha tantas veces que sea su vertido. Viejo, pero no triste porque reímos juntos. Al fin y al cabo mi imagen en el espejo me devuelve unos años ya vividos.
Claudia Ballester Grifo

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