SUEÑO.
Sueño en la noche callada, cuando duermen las almas y rabian los dolores.
Vueltas cogida a la almohada con cuidado de lesionar cosas varias. Suspirando para adentro sin encontrar postura que aplaque plegarias. Sin golpear al cuerpo que entíbia una parte de la cama. Siguiendo el recorrido de sus suspiros y la respiración controlada.
Sueños que arrastran a un surrealismo de nieblas y telarañas. Duermevela del que despierto cree que duerme y dormido entra en taquicardia. Pulso del cerebro que en su cura diaria tira de sensacionalismo e historias extrañas.
Dama hermosa que se acerca y, tú expectante, no ves la cercanía deseada.
Se mueve entre brumas, habla sin voz, pero crees escucharla.
A veces se acerca, otras sales a buscarla y se aleja y se distancia el encuentro como si la escena transcurriera para ser cortada y pegada.
Llega con tules vaporosos de hada sugerente y de sensualidad reforzada.
Esos ojos intensos de noche cerrada.
Piel de alabastro, óvalo abrazado por los tirabuzones de un cabello de estrellas sembrado. Luce una luz blanca que despliega en el abanico de su áurea. Se desliza descalza en un siseo de voces antiguas y amortiguada por el polvo del tiempo, por vidas pasadas.
Suda mi cuerpo, me siento empapada. Quiero correr hacia ella, pero me levanta la mano y me para.
Avanza lentamente, dama extraña. Preciosa, sugerente, me atrapa. Me envuelve con su capa negra, me acuna, me canta. Tranquiliza mis sentidos, me seduce, representa la paz, desaparece el dolor, llega la calma.
Noto un tirón. La fuerza me estira para deshacerme del nudo que me inmoviliza. Mi marido me da la mano y su calor rompe la barrera del espacio creado. Oigo su voz,me llama. Siento un vértigo que me lleva a nadar en mar abierto. Se refresca mi alma, buceo en una vida pasada, lucho contra corriente, sola, sin la dama.
Nado hasta la orilla de mi isla soñada. En el tálamo me espera el amor que me rescata. En lo alto las estrellas se desmelenan alumbrando el abrazo del amor que gana la batalla.
Claudia Ballester Grifo

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