domingo, 29 de marzo de 2020

LA MILI.
En las brumas del tiempo desfila un marinero. Gorra reglamentaria en uniforme de impoluto
níveo.
Se acerca su sonrisa con paso ligero.
Brilla la mirada con lanza de espejo de mil luceros.
No le tiembla el pulso al cruzar el mar que separa las Canarias de la tierra testigo de nuestros besos.

Corren mis anhelos, en lazo fuerte, con el amor de mis sueños.
La cruda espera de mil escritos registra la  pena que ansia el desvelo.
Palabras con rúbrica al viento, limpias y sentidas, dibujadas en cuartillas de despliegue intenso. Volando, palomas blancas, cruzando el vasto cielo.

Se une la poesia con el verso. Se eclipsa el sol con la luz de nuestros besos. La miel se esparce por el gusto del ansia y del fuego.
Levita el alma en su despertar al letargo de un mundo congelado por la distancia de un servicio obligado.
Se abraza el amor enamorado. No se puede querer más a pesar de ser el testigo quemado.

Sube el humo de poemas encadenados. Miles de letras dedicadas al tiempo que corría a tu lado.
Devoró el fuego un tesoro que ahora me duele haber inmolado.
Soldado mio, marinero amado.
Luz de mi sueño, calor estimado.
Llevas el fuego de ese encanto que
bullía en humo en tu ser tatuado.
Claudia Ballester Grifo

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