RUTA.
Silencio amigo, costumbre en la mañana temprana del día.
Tiempo reflexivo en que se despliega la imagen de uno mismo.
Se desdobla la sombra, inseparable amigo escuchando el estallido que sobrecoge los sentidos.
Entendemos que somos uno conectados a un conocimiento compartido.
Aceptamos que escuchando el cifrado del órgano más preparado, actúa el cuerpo con disciplina acertada.
El tropiezo con el tiempo por organizar resquebraja nuestros esquemas para volver a edificar.
El esquema que aparece de forma virtual, dibuja las pautas que descansan el ánimo y nos centra para participar.
Lo que teníamos fuera debe esperar. Esa esclavitud con dueño, nos libera por un intervalo muy pequeño respecto a una vida. Nos permite asumir un giro inesperado en el que adoptamos otros manejos para los que no nos sentíamos preparados. Vamos a triunfar.
Hemos descubierto una cara nueva de nuestra moral. Esa blanca, sincera y con verdad.
Las gestiones van como van, pero la gente se comporta genial. Dando el corazón y todo lo demás. Queremos confiar. A ver si lo hacemos bien y se puede ver por fin un camino hacia el final.
Claudia Ballester Grifo

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