PROYECCIÓN.
Clara paseaba por el pequeño patio que circundaba su casa. Un recinto soleado lleno de alegría de prímulas y rosas. Humildes margaritas, gladiolos y hortensias. Se alzaban las calas con el vigor de las lluvias, blancas y verdes en su vestido de novia.
Camelias del brazo de cuentos e historias. Blancas gardenias de foto y estampa de realeza.
Plantas en sus tarros de cristal para llamar al sol en su raíz apuesta. Es la orquídea en todo su color la más idónea.
Ciclamen maravilloso, flores de primavera, pétalos que se secan. Despliegue de aroma que embelesa.
Comulgaban las flores en su amanecer diario viendo cómo la niña les iba hablando. A las amigas se dirige de diferentes vuelos y maneras. De distinta procedencia, pero arraigadas al mismo suelo, regalo de semillas bien dispuestas.
Los azules ojos infantiles con el cielo se mimetizan, las nubes transportan palabras sencillas. En el espacio de una vida no hay fronteras que obstáculos al viento impidan. Primero unos luego otros, en cadena de eslabón unida. Si la flor presenta alguna espina, los primeros afectados que chupen la herida, vendrán refuerzos de almas amigas. Los recuperados serán la herramienta que luego purguen otras heridas.
Clara corre y ríe. Es su patio un globo entre tantos globos que suben y suben sin límite de altura. Desaparecen a la vista, pero todos sabemos que circulan.
Confianza es la palabra, pero pierde su fuerza si no hay compromiso y valía.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario