Hija de la espuma, del rizo de las olas cuando se abrazan en algarabía de la alborada.
Hija del fondo de algas y ostras de grandes perlas regaladas.
Hija del viento que juega con el agua y de la bruma que baja desde las montañas.
Hija predilecta del sol que le sonrie con especial gracia,
de la luna que tiñe de plata su cabello y argenta sus ojos de hechizo y magia.
Hija de la tierra y del cielo que la abraza.
Canto a la madre tierra, semilla de esperanza,
con las raices de sus alabanzas y brazos que todo lo abarcan.
Con el trino de los pájaros amaneciendo naranjas y amarillos del alma.
Con la promesa de brisas que nos traen aire limpio y mantra.
Tiempo de escuchar mucho y anotar palabra sabia.
Ella te embruja, hacia ti avanza,
natural y transparente como una laguna plácida,
al brillo del sol tornasolando sus aguas.
Un poquito de sal para aliviar tristezas,
mucha miel reparadora,
un tiempo de reflexión y paciencia,
amor que acompaña.
Ella te guiña un ojo, abanica sus pestañas,
se cuela en tus sueños, te ama.
Claudia Ballester Grifo

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