Agradecida a la vida que me ha regalado tanto.
Unos ojos heridos para mirar de soslayo, protegiendo el iris de los rayos apuntando.
Una piel traslúcida de mucho encanto,
taciturna al día que la enamoraba quemando.
Agradecida cada día por un cabello fino que iba aguantando, ondulado de rosas para rizarse en un amanecer incauto.
¡Qué alegría de vida!
¡Qué regalo!
Un ángel llamó a mi puerta, ofreciéndome lo que dejaba a buen recaudo.
Me dio sonrisa tatuada en dos órganos,
desde hace tanto tiempo, tanto... Qué sigo riendo con su amor donado.
Un riñón que no venía solo, no... El páncreas le iba bailando,
en hermosa armonía... Sonó el teléfono,
sonó, ¡Dios sea loado!
Hilo conductivo del cielo, siempre azul e iluminado.
Gracias a la vida que me ha consentido y mimado.
Nadie dijo que fue fácil,
pero disfruté del camino y fui dibujando una hermosa familia y una estrella de luz, farolillo que me va alumbrando.
Veo los colores de la sutileza y el encanto,
admirada siento en mis carnes la liviandad del candoroso rosa prometiendo siempre con agrado.
Gracias a la vida en un cielo avistado, abrazado el universo en estrellas y cometas rondando,
tatuando en satélites suspiros y murmullos de gratitud plasmados para brillar la alegría en el firmamento abovedado.
Gracias a la vida, al amor... A la suerte de mi lado.
Claudia Ballester Grifo

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