Deshojando la margarita de mis delicias,
con el aroma de hierba recién cortada,
en el jardín de mis fantasías,
de colores ensortijados y matices nacarados,
susurrando melodías,
vergel de mis locuras.
Escucho el universo en sus letanías,
libro impoluto de historia en su inicio,
blandiendo su tinta,
empuñando la pluma que firme la estampa de una vida.
Los ojos bien abiertos, los sentidos dispuestos,
admirada del pulso contenido de la aventura.
Enamorada del tiempo, de las olas rizando su hermosura,
escuchando la bruma suspirando por la espuma,
cabriolas del espacio en el centro de una voz que advierte muy suave, acariciando una melodía.
Enamorada del sueño, deslizando admiración y alegría,
empuñando una ilusión que borda la travesura.
Mi mirada languidece, bailando un horizonte, confundida.
Azul con verde, agua cristalina,
sal y aire,
disfrutando del impulso que el amor tatúa en mi vida.
No está escrita la última palabra,
ni rasga la lira su postrero lamento,
no llama la lágrima su cauce,
ni la brisa retira ni una brizna de mi cabello.
Claudia Ballester Grifo

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