Bailando en los ojos que me regalas,
en esa noche aterciopelada de brillos diamantinos y fuego en las entrañas.
En ese sueño dorado evocando fantasías de palabras habladas, tal vez sentidas, escritas con el alma,
siempre bordadas.
Sumida en ensueños, mirando la calle solitaria.
A través de los vidrios del confort y la prestancia,
rodando las ruedas de máquinas ordinarias.
Siendo un fantasma pegado a la ventana,
dirigiendo almas que no sienten, pero no callan.
Siento miles de mariposas rondando unas ilusiones ya enterradas.
Bajo los ojos, rubor que me acompaña,
vuelvo a ser niña jugando a princesas rescatadas.
Desde la distancia observas y callas,
tinta guardada, palabras por decir, anhelo de mis ansias.
Subo y subo y te encuentro en un cielo abierto,
la escalera colgando se desvanece en el agua.
Me miras y te miro y nacen dos estrellas vibrantes que rinden tributo a un cosmos que las acepta y las guarda.
Tu sentir y el mio al ritmo de balada,
ritmo cadencioso que nos acerca, nos enciende y... El fuego nos delata.
Claudia Ballester Grifo

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