viernes, 18 de diciembre de 2020

EL CORAZÓN EN NUESTRAS MANOS


Mírame y no bajes tus sueños, no derrumbes la ilusión que firma con sus alas palabras de aliento, verdad cincelada. 

Mírame con el tesón que requiere un corazón que sangra. Con esos ojos que enamoran porque arrastran. 

Llévame con ese magnetismo que suspira el amor en sus horas mágicas,

dame tu mano y siente el rugir de una energía que te envuelve, luz en un agujero de gusano viajando en el vértigo de una fuerza ancestral que nos llama. 


Mírame, corazón mío con esos ojos de agua fresca corriendo por la ladera de mi alma. 

Sutileza en el quiebro de un tallo bajando su carita de rosa para beber en el espejo calmo de un fluir de menta. 

El tesoro de lo que miras es dibujo que recorren la nubes al pasar por mi ventana, 

dejan en su baho de humo un mensaje cribado de urgencia. 


Lo recibo, me hablas con el lenguaje que besan los enamorados, candilejas de melodía bailando muy cerca. 

Me impregna tu aroma de regaliz de fresa, 

caramelo que degusta el sentir de mi boca. 

Abro la ventana, el fresco acaricia mi frente, 

arremolina el rizo de mi pelo sensible al abrazo, 

mis ojos se cierran. 


Llegas... Llegas tú y el abrazo nos toma. 

Un abrazo amplio de sol y muchas estrellas. 

Un abrazo callado, un tocar de mejillas, 

el cielo sonríe y nos envuelve con su manto. 

Solos con el amor, 

el corazón en nuestras manos. 


Claudia Ballester Grifo


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