Como las olas besando la orilla,
con ese azul que se adentra en la arena y la asimila.
Con la fuerza que arrolla la cresta en su envestida,
mansa acariciando la espuma.
Con esa mirada perdida, volando con las gaviotas,
oliendo la brisa.
Con ese regalo de amor que te ofrendo cada día.
Esta rosa para ti con toda mi alegría.
Aromas de otro tiempo amenizan un corazón que palpita.
Convulso recibe notas de otra vida.
Me acerco arrastrada por la bruma,
lame el misterio mi cuerpo haciéndole cosquillas.
He abierto una puerta descubierta por osadía.
Intrigada me adentro escuchando una melodía.
Se dibuja un castillo en lo alto de una colina.
Redondas sus lomas, de verde esmeralda deslumbra su hermosura.
Vasto territorio de arenas plomizas,
a sus pies el océano nexo de unión en esta aventura.
Sentada en las rocas una figura.
Oigo el siseo de mi alma intranquila.
Levito llegando a un hombre que me adivina.
Son sus ojos, es la forma en que me mira.
Una sonrisa traviesa, un enigma.
Alguien a quien amo y que me espera en otras líneas.
Crucé el tiempo para reunirme contigo,
escuché tu llamada y acudí a la cita.
Claudia Ballester Grifo


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