sábado, 12 de diciembre de 2020

LA NOCHE


Ella dormía, serena la habitación, la luna sonreía. 

Ella dormía, plácida, inocente, tranquila. 

El hilo de la almohada arropando sus sueños, 

notas de ilusión y alegría, 

decorando su habitación de color y poesía. 

Ella dormía, brava, luchadora, siempre niña. 

Ella dormía despertando impulsos a la noche vigilante y lasciva. 

La luna inocente no sabía. 

No sabía, pobre luna celestina de romances y besos robados bajo sus estrellas mudas. 


La noche vestía de negro, ojos de espuma. 

Aroma de mar y limón, la conocía. 

Silente y precavida,

arrastrando su máscara fugaz,

sibilina. 

Amante pertinaz, calmosa y oportuna. 

La noche con un ron para sentirse más grande que ninguna,

arrastrando su misterio y su hermosura. 

Deslizándose por una rendija, 

abierta por suerte, mano oportuna. 


Ella duerme, niña de blanco, sonrisa pura. 

La noche la envuelve, protege su carne de rosa desnuda. 

Besa su frente, acaricia su larga melena de cielo y ternura. 

Le canta bajito una canción de cuna. 

La noche la quiere, la busca. 


Despierta la mujer con espejo de luna, 

abre sus ojos de laguna profunda, 

de entendimiento los luceros, 

de cuerpo de vértigo y cintura de avispa. 

lasciva y hermosa, hija del misterio y la aventura. 

Amante digna del amor y la fortuna.  

Niña de alma, amante con ojos de luna. 

Mira la noche. 

La noche besa su mano y la conquista. 


Claudia Ballester Grifo


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