Esos ojos ilusionados que compartían las alegrías,
juventud en el recuerdo,
bagaje de vida.
Expectante ante el devenir,
nunca lo tuviste fácil,
nadie comprendió tus límites,
nadie dije, nadie.
Romántica imagen en el espejo de tus anhelos,
absorta en libros que paseaban tus días,
dibujando estrellas y albricias,
soñando mejores tiempos, meditando en las nubes mullidas.
Siempre ilusión y fantasía.
Dulce rosa enternecida, sola en el jardín que alguien cuidaba, sin duda.
Mimada entre amigos, muy consentida,
brillando con la primera luz que la mañana le regalaba y ella amanecía.
Dulce como la mantequilla, sonrisa espontánea,
pobre niña no entendida.
Mirada expectante, agradecida a la vida,
labrándose un futuro de guirnaldas,
poesía,
escribiendo en la noche callada,
encontrándose consigo misma.
Mirando por la ventana, guiñando el ojo a la farola vecina.
Y tú amiga de un tiempo, lágrima enternecida,
mirándote en el espejo, compañero de cama y travesuras,
hablando con un aire hermoso,
colándose por la ventana en el refugio de una habitación querida.
Desde la distancia y el tiempo,
te miro reblandecida,
me deshago en un charco de emociones y saludando a la que reinventé con los obstáculos y las espinas.
Sobreviví, amiga. Aquí estoy bañándome en tus ojos, disfrutando dos lunas.
Claudia Ballester Grifo
Foto de mi álbum personal

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