Ella dormía, un sueño de alma tranquila. La habitación escuchando su silencio, alumbrada por un rayo de luna.
Ella dormía agena al tiempo que jugaba con su cabello,
al espacio dibujando quimeras,
de espaldas al espejo que reflejaba la noche en su espalda desnuda.
Ella dormía en una almohada de hilo,
respirando el aroma de rosas encendidas.
Las estrellas amigas centelleando burbujas de fantasía,
tildando besos que frugales se acercaban de puntillas.
Ella dormía y sintió el hechizo de la luna celestina.
Sus ensueños en el cielo de un bello día,
hilvanando sueños acunados por el guiño de un hada madrina.
Ella dormía mientras un beso afrutado buscaba su fresa madura.
Deslizándose por el agua de sus labios,
ávido el deseo en su tortura.
Pasión desatada en su locura de ojos cerrados y mantequilla.
Unos luceros quemaron la piel rozando la suya,
al abrir sus ojos de fuego, encendiendo la vela de un ruego,
la excitación en su premura.
Tatuado queda en el amado una letra suya.
Él la visitó en sueños... Ella le dio la vida.
Ella dormía para que él viera
cómo lo hacía.
Claudia Ballester Grifo

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