Ensueños, deseos de mirada dulce, sueños traídos a la vigilia, roce de bagatela susurrando su melodía aria.
Deslizando los dedos entre las nubes,
perdida en mil soles que visten mi mañana,
bañándome en el lago de mis sentidos,
siempre alerta a tu llamada.
No escuches a la sirena,
el marinero la teme y la ama,
esos ojos de mar brava, misterio profundo de la oscuridad borrada.
Esa nostalgia mecida por la vela de un navío en su marcha.
Esa sal que te llena de sed y no calma.
¡No escuches a la sirena!
Sus cabellos de coral te atrapan,
caes en sus redes de placer y ansia,
obnuvilada tu mente con melodias profanas,
te lleva a su guarida, burbuja de agua.
La miras con los ojos ciegos y sin palabra,
ella te mira y sonroja su mejilla de nácar.
La ternura tiñe de rosa la esperanza de las ganas.
Ella te ofrece la chispa de tu mirada,
la verdad de tus ojos y
el increíble don de tu palabra.
Tú, sol de mil lunas,
embelesas a la sirena enamorada,
le ofreces tus labios,
ella calma el palpitar de una poesía soñada.
Claudia Ballester Grifo

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