Quiere el bello despertar de un sueño levantar una mañana de suave terciopelo,
mirar con el tul de un nuevo universo y adentrarse en el infinito de un suspiro suspendido en el cielo.
Amanece en la ciudad rutilante de tus versos;
el sol, prisma añejo de todos los tiempos,
naranja encendido en un trinar de concierto,
matices de colores desde el amarillo al rojo intenso,
meciendo una marea de azul inmerso,
en un laberinto de luz bebiendo un café mañanero.
Siento... Siento mariposas enloqueciendo por el lupanar de mi inconsciente.
Cosquilleando un suelo palpitante que estremece.
Tierno cuero suplicante, suave melocotón de mordisco fresco,
deslizar de un jugo almibarado, tentación omnipresente.
Aroma de una taza de café, sueños de Oriente,
del África negra, de selva y pálpito de aventura fehaciente.
Sueño con tenerte, alcanzar ese hilo que entreteje,
cruzar el puente de mis ganas y verte.
tocar desde lejos tu energía envolvente,
acariciar la sonrisa que mi cuerpo estremece,
llegar hasta ti y... Poseerte.
Poseerte como el mar se adentra en la arena y la quiere,
la arropa, la abraza, la elige y la retiene.
Se la lleva en un manto de locura,
la nostalgia la enamora y consiente.
Adentrándose en el mar, ahogada por fría corriente,
olvidada del mundanal ruido,
desprendida de su gente,
arena y ola, mezcla hacia el horizonte,
rumor de caracolas,
amor que dibuja mariposas en las nubes cuando llueve.
Claudia Ballester Grifo

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