Luz apaciguada dentro de mis entrañas,
rescoldo de mi sentir y de mis pensares,
luz taimada de verdades,
tránsito de mi vida en sus andares.
Rosa encarnada de tacto suave,
aroma fresco de limón y azahares,
callada y reservada en un jardín cuidado,
resguardada por el dueño de las llaves.
Fuego y volcán cuando la observa,
respuesta inmediata a la brisa que le llega,
renaciendo entre luces que cálidas la conservan.
Despegando de a poco, alerta a sus señas,
respirando de un abanico de letras que la ciegan.
Cortando un bostezo que la sorprende a la primera.
Ella es el alma, regada con amor y entrega,
coqueta y despierta, vivaz y dispuesta,
vistiendo de fiesta sus horas tan buenas.
Hermosa dama a la espera, escucha y observa,
empezando la melodia lo encuentra.
Crece como la bruma, su luz se intensifica,
pulsátil y enamorada... Querida, querida alma mía.
Errante por un cauce de risas,
atenta, muy atenta... Él te busca.
Desorientada alma herida,
un dardo de amor la dejó expuesta y rendida.
Tumbada en el reguero del tiempo,
las alas replegadas, la mirada perdida,
extiendo la súplica de mi mano,
la rosa de mi amor prendida.
Dulce, dulce alma mía.
Claudia Ballester Grifo

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