Un nada convulso.
Quiero teclear en el piano
los dictados de mi corazón.
Quiero que salga la música
con todo el vagaje de mi voz.
Quiero unir la melodía,
ese ritmo subyugante
al hilo de mi pensamiento.
Quiero que vuelen las notas
acunando mi voz,
hilvanando las palabras
que parafraseen mi razón.
Es un sentir profundo y fuerte.
Una necesidad que pugna
por salir y enfrentarse al espejo público.
Reflejarse en la mirada
del otro y saber que escucha
y, sin compartir, entenderse.
Sin hablar comunicarse
y mediante la expresión
y el gesto llegar a los recovecos
del alma para ser uno con más
o uno para los demás.
Claudia Ballester.
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