miércoles, 27 de marzo de 2019

No me digas que me calle

Nos creemos importantes. La propaganda bombardea nuestro cerebro con lenguajes subliminales y guiños evidentes. Nos hacen creer que somos los mejores. Únicos, irrepetibles, hermosos y especiales. Bruñen los espejos con paños suaves y nos venden una imagen a medida. Nos hacen soñar y desde la templanza onírica, nos vemos protagonistas de encuentros y viajes. Merecemos lo mejor y en esa letanía alineante y absurda nos perdemos en un mundo confeccionado a las hechuras del ególatra. Necesitamos un ancla que nos amarre. Un lastre que pese sobre nuestra conciencia y nos haga volver a la consciencia. Borrar lo programado y barrer mar adentro la arena que se desmenuza en el arrastre de las olas. Volver al cauce lo que se nos arrebata con tanto despropósito. No somos muñecas andantes. No somos robots perfeccionados con suave piel. Nos caracterizamos por ser seres pensantes y, podemos ser más o menos bien parecidos o no, ricos de espíritu o de bolsillo, pobres de alma o presupuesto, inteligentes de emoción o razón, sociales o de puertas para adentro... Seamos lo que seamos que no nos quiten la voz ni el voto. Que no te vendan una vida a medida que no sea la tuya. Pon voz a tus pensamientos. Habla contigo. Refleja tus ideas deslizándolas en escrito sincero. Busca la calma y desde ella, escuchate. Sólo después podrás hablar y, tal vez, seas tú.

Claudia Ballester

No hay comentarios:

Publicar un comentario