Cada cara de sufrimiento, cada rictus marcado, cada niño huérfano, niña violada... cada experiencia ya imborrable en la mente y corazón de estas familias es una cuchillada a la dignidad humana. Muere el entendimiento y nace el odio. El mal se enquista en el alma y ya no es posible reconocer al prójimo como hermano. Nos exterminamos y en esta sinrazón alguien sale reforzado. Ese alguien no aparece en la linea de fuego. No siente ni escucha. Es duro y frio y no entiende de amigos. Don dinero se impone a la vida y, no sabe el muy necio que sin vida muere el mercado y sin mercado... dónde va el dinero?
Claudia Ballester Grifo.
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