Con el río de mi sangre desbordando las márgenes atribuladas de la pena.
Con ese oído que lejos de las orejas escucha distante más allá de las fronteras.
Con ese sentir de piel en canela que llora contigo y ríe sin espera.
Con ese devenir de nubes rondando colinas, perdiendo laderas.
Con la lágrima hermosa del niño cogido a la madre,
con la desesperación del marido protegiendo su sangre.
Con el sentir de la tierra que hierve su centro esculpiendo amuletos que quitan el miedo.
Mi mano con la tuya, hermano de rostro desdibujado.
Mi corazón perdido en la jungla del espasmo buscando tu latido,
huevos de araña alimentando el hambre
de guerras y vicio,
deslealtad del que come pan y bebe vino.
Amiga de mis amigos,
intentando entender a los perdidos,
conocedora del doble perfil del que buscando su camino disfraza su mente y pierde su rumbo.
Te escucho, a ti y a ti y a ti.
Paro el tiempo y vivo el silencio,
enciendo el candil para que encuentres el camino,
levanta la mirada, párate un minuto,
exhala un suspiro, yo te busco.
Amiga de mis amigos,
amante de la tierra,
mirada anhelante atrapando un escalofrío.
Quiero ser paloma blanca,
acercando una rama de olivo.
Claudia Ballester Grifo.

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