viernes, 1 de enero de 2021

LA MELENA DEL MAR


Me desperté con fuego. Ardiendo mis pupilas, mi cabello. 

Mi combustión por un sueño, 

un viaje al centro del  deseo. 

Estelas engarzadas en un suspiro, 

atentas a mis desvelos. 

Me desperté sin quererlo. 


Anoche abracé al viejo año. 

Al anciano enfermo que con su bastón levantado me decía adiós con lágrimas en los ojos. 

Enjuto de cuerpo, rala barba blanca de muchos encuentros. 

De la mano del niño que me miraba con sus ojos despiertos. 

Anoche viví un sueño de amor eterno. 


Lo vivido por el futuro dispuesto, 

mi mano alzada, 

perdiendo su silueta por el sendero del tiempo. 

Adiós a mi pasado, cerré el baúl con el seguro bien puesto. 

Me desperté con fuego, 

no hay agua que beba mi desvelo, 

silbando se acerca ese que conoce mi cuerpo. 


Anoche dormí un sueño de fuerza, intenso. 

Cerrados los ojos, corría por un prado de luz, 

bamboleando la ropa en los hilos de mis escrúpulos, 

limpia oliendo a detergente y suavizante, aséptica,

bailando viejos ritmos de polca rusa. 


Anoche me comí entera, 

amaneció el fuego y las brasas esparcieron mis sueños. 

Despertó una mujer más entera, 

un poco más sabia, 

llena de melodías que rezar a amapolas y azucenas, 

libre como el mar que oxida cadenas, 

ardiente  como el sol  cuando lame el vestido de la luna que pretende. 

Luz boreal en el silencio del vidente. 


Claudia Ballester Grifo


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