Las palabras, suaves caricias abrazadas a la pluma, se descuelgan sacudiéndose la tinta,
besando el fino papel.
Se desparraman pendencieras, levantando sus picos, cabalgando en tropel.
Silenciosas y precavidas, observando la intención y la sensatez.
Las palabras cantarinas abriendo el amanecer,
las optimistas y esperanzadas viendo las nubes correr.
Las palabras que se emocionan y las sorprendidas desnudas en su baño al atardecer.
Las palabras en sus gestos comprometidas al observar un ceño, una sonrisa o un querer.
Una mano apenas rozando la tuya,
mirando la respuesta de unos ojos que se caen sin saber.
Miedo al entorno, palabras fuertes,
amapolas estrellándose contra el suelo de la testarudez.
En un mundo de incomprensión,
en el autismo de máxima observacion,
él descubría el amor.
Las palabras enamoradas paseando por el reflejo de una luna besando el lago.
Las palabras apenas pronunciadas,
suspendidas por un trazo,
las enfadadas cuando se buscan y cada una va por un lado.
Esas palabras que fogosas escriben tu nombre,
precipitando castillos de fuegos artificiales.
El amor encerrado en la Torre de Babel,
secuestrado por entenderse alguna vez.
El amor de tu gesto, la levedad de tu poder,
el susurro cogiendo fuerza,
una palabra tuya valiendo por diez.
Claudia Ballester Grifo

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