Me enamoré de la sonrisa del cielo volando cándidas palomas blancas.
Me enamoré de su lenguaje murmurando brisas entre nubes inmaculadas.
Balaceándome en el rayo de un sol tornasolado,
bruñendo espejos en la sal del agua,
me enamoré de tu aire oliendo a cumbre nevada.
Te enamoré sin tiempo en un punto incierto en las isobaras,
moviendo mi ritmo, marcando mis pausas.
Te enamoré de silencios pulsados por ensueños de hada,
de sonrisas veladas,
risas precipitando cascadas.
Ingenua intención,
luna encendiendo tu noche velada.
Nos quisimos en el instante
de un plano encontrado.
En ese lugar donde somos uno,
sin vernos nos tocamos.
Nos amamos besando la piel de un sueño.
Nos besamos haciendo de un sueño una delícia compartida en un cuento.
De un cuento una vida para recordar
un instante.
De un instante una rosa al viento.
Dibujé tu nombre en la arena de mi playa,
la ola lasciva lamía su estela dorada,
besando cada letra señalada,
mordisqueando mi tesoro,
arrastrando a su falda el desvelo de mis ganas.
Te lleva mi mar siendo yo sirena de plata,
te espero en el silencio.
¡Ven! Amado mio.
¡Voy! Me dices sediento.
Claudia Ballester Grifo

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