La imagen al exterior, queridos amigos. Quisiera hablar un poco de esa ventana que expone nuestro día a día, incluso, nuestras exposiciones más intimas.
Esas necesidades que tenemos de compartir sonrisas que se diluyen en un océano desconocido si no son compartidas.
Postureos que no nos dejan disfrutar de nuestro yo más profundo siendo uno con lo que nos rodea.
Esa singular osadía de invadir todos los escenarios con la mejor postura.
Vivimos en un cajón público. Somos seres sociales, pero confundimos compartir experiencias y diálogo con espontáneos escarceos de totogramas comprimidos.
Esa necesidad de contagiar hermosura, felicidad a pulso de risa y mirada de complicidad buscando el mejor perfil o el plano de luz más adecuado.
Ahora con el discreto perfil de las mascarillas retiradas sin pudor para la foto de familia o de amigos.
Tiempo de COVID, reflexión y cordura.
Tiempo de Dios aunque no lo mencionemos en el lenguaje coloquial de las comidas.
Tiempo de reflexión, de reconocer ese interior que suele escaparse en noches oscuras.
Tiempo de escuchar, oír en silencio para que nos llegue la importancia de lo que camina.
Vamos a parar y respirar. Vamos a tomar conciencia y encontrar, al girar la esquina, nuestras expectativas.
Vamos a encontrarnos con nosotros mismos.
Aprovechemos este difícil trance para querernos un poquito más y así aprender a querer.
Demos un sí grande a la vida con coherencia y hagamos de este nuestro mundo un espacio respirable de encuentros.
Un abrazo a todos, mis queridos amigos.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario