Mi mano en la tuya construyendo un puente de flores de campo.
Pequeñas y vistosas, oliendo a fresco y encanto.
Mi mano en la tuya creando un salmo de cantos para llegar hasta el cielo y volar muy alto.
Mi mano acaricia la tuya, se abre un mundo de espacios,
un sendero resiguiendo un pan a pedazos,
una estela siguiendo las huellas de tu paso.
El horizonte en la distancia me llama en voz baja,
levanto mi mirada, no distingo nada.
Oigo más cerquita un tono que me baila,
me recorre un escalofrío que me lleva por entero.
Un aroma me abraza, percibo su aliento en la brisa,
me empapo del rocio de su mañana.
Mi mano busca la tuya,
aún somnolienta te llama.
Prometimos no soltarnos y ufana reclama su caricia temprana.
Ven a mis signos de colores,
no tardes, vida mía,
una mano no es nada sin el cariño que necesita.
La mía solo vive sujeta a la tuya,
en un mundo de auroras,
despega la luz buscando la promesa
de tus labios,
el roce liviano que me transmitías.
Claudia Ballester Grifo

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