Te vi aquella tarde.
Yo paseaba mis pensamientos con un libro bajo el brazo.
Até el pañuelo a mi pelo y salí a enfrentarme con el frío.
Sola, en la distancia vislumbré una caricia,
la poesía hecha versos iluminando el día.
Tu figura en la lontananza,
luminosa percepción sin ver tu cara.
Apresuré mi paso, mariposas alucinando mi vista.
Acercándome a ese hombre, a esas noches compartidas.
Ajusté la gabardina, impulsé mis tacones,
labios rojos entreabiertos al espejismo,
respiración agitada bañando mis súplicas.
¡Qué sea él!, ¡qué sea!
Tú mirando las ramas de un árbol buscando su música.
Barruntando tus sueños,
escuchando sus melodías,
en tu mundo de lirios, calas y fantasías.
Muy lejos de mis pasos y apreturas.
¡Qué sea él! ¡Qué sea!
Se acercan mis pasos a tus huellas.
se superponen, se besan.
Me acerco, me miras,
puñalada en el corazón, locura.
Se para el tiempo,
la nieve se desliza entre tu cara y la mía.
Nos hace cosquillas.
Te tiendo la mano, está fría.
la coges, la besas, la mimas.
Me miras, te miro
se abre el cielo y el sol nos acaricia.
Se congela el tiempo,
eres tú, amado, lo intuía.
Fundida en un abrazo,
árbol, distancia, frío y avenida.
Salí a encontrarte, mi vida.
Claudia Ballester Grifo

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