Llegaba la hora mientras bailaba entre polvos y fragancias.
Riendo mis sueños,
de la mano de un espejo que me amaba.
Llegaba la hora de mi cita, ilusionada
jugando con la fantasía y las hadas,
volando en mi mundo de magia.
Mirada de cristal de zafiro,
delineando el carmín de mi amapola,
polvillo de mariposa aleteando mi cara,
azabache la línea en el abanico de las pestañas.
El espejo amable dibujando lozanía,
perfecta imagen enamorada.
Apago la luz de mi brisa,
abrigo la expectación de mis ganas,
salgo a la calle decidida,
repicando el tacón en la calzada.
De mi mano una rosa,
de mi temple frugal esperanza,
besando el frío, atemperando el reloj
de mis huellas lejanas.
Vislumbro el banco, tú no estabas.
se agolpa mi corazón, flaquea el ánimo de mi mirada.
No es posible, es la hora exacta.
Me siento apartando el velo blanco de una nieve incauta.
Sola en el banco de mi amor,
sola en una cita errada.
Pasa el tiempo, aterida,
dejo la rosa en el dibujo de mi falda,
levanto mi pena, mirada a la nada.
Emprendo mi vuelta, mi vuelta a casa.
Cansino paisaje, gris de escarcha.
Frio, frío el sentir de mi alma.
Cae la nieve, helado un corazón que palpitaba.
Claudia Ballester Grifo

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