Mi querido brote,
mi amada rosa, blanca,
inmaculada, preciosa.
Tus pétalos apretados de capullo,
buscando las caricias;
el sol te besa.
Mi querida perlada,
rocio de agua fresca en la mañana temprana besando el sueño de tus nostalgias traspuestas.
Mi cielo, mi vida.
Aceradas son las espinas de esquejes de párvula risa,
ríe y ríe la ignorancia por desgracia aplaudida.
Discurren tus pensamientos bloqueando tu alegría,
macilenta tu cara, apagada tu vida.
Niña de mis versos,
rasgada almendra de mirada limpia,
eres un sol en una noche cerrada y oscura.
Huye de las sombras,
indiferencia a la osadía de una incultura matarife de sueños y venturas,
sube al carro de las letras que son las alas de tu singladura.
Mi rosa que se abre sintiendo el calor que roza su tez tan fina,
mírame brote de mi alma,
soy tu guarda, custodia, la que te cuida.
Mírame mi rosa blanca,
explendor y luz,
sigue tu camino... Fuerza y vida.
Claudia Ballester Grifo

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