Tus tacones rojos cimbreaban inseguros un día ácido.
Cintura estrecha, prenda de una figura estilizada.
Las letras cabalgaban a lomos de una editorial pagada,
una crítica incierta y un robo de bolso y
gafas rotas.
Nada podía ser peor que no ser nada en una historia descalza.
Tu mirada de vestido de turquesa,
la que te devolvió de un río en una nube de mañana fresca,
subieron las ventas mientras la autora permanecía en la sábana de un fantasma.
El amor seguía su instinto en un campo de hierba.
Dos cruces en el camino,
un ayer llamando a la puerta.
Sopla el mar ideas nuevas.
la crítica te tiende la mano, te adora.
El poeta y la escritora,
un libro en el horizonte, una estela.
Desde la fortaleza de la montaña
un mar que arrecia;
su mirada nadando en la tuya,
ahora sí te ve, sí notas que te toca,
un beso compartido,
una rosa cerrando tu historia.
Claudia Ballester Grifo

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