sábado, 10 de abril de 2021

SANGRE CALÉ


Bailaores del Egipto más profundo con los aromas incisivos de la hermosa Indía. 

Bronceada su piel besada por la arena,

reflejo azulado de luna. 

Manto negro su cabello, azabache reflejo en el lago estanco de la noche fría. 


Hablan sus manos sortilegios de historias de lumbre y fatiga,

danzando sus muñecas cascabeles de velo y rima. 

Juegan sus churumbeles entre los estallidos de las risas de un fuego encendido en el pecho de sus días. 


Habla el calé su suspiro, pañuelo recogido por la mirada displicente de la tortura, 

vértigo del torbellino que no ve, 

no escucha,

no entiende de la libertad del viento y la duna. 


Naciste gitano para hablarle a la luna, 

para seducir su forma, 

lanzarle un beso, conjuro de hechizo  y promesa de cita, 

marcar tu pañuelo con su flujo de diva,

rozar sus labios celestes, 

gozar el magnetismo de su mirada de fruta madura. 


Ciego el mundo al sol y luna, 

a los espacios abiertos, 

vientos cálidos de mar bravía. 

Libertad de conocimiento en la sabiduría del día a día, 

pícaros sus gestos, rápidos reflejos de simpatía. 


Muero por un gitano, racial embrujo en la oscura distancia que suspira el horizonte rayando la fantasía. 

Muero por el movimiento de las estrellas en un dueto de pasión y fuego. 

Muero por entrar en el sortilegio de un abrazo salvaje oliendo a galope y viento. 


Gitano de Dios, sangre, brisa y cielo,

gitana de verso luciendo los volantes, 

cimbreando su talle abrazado por la luz de su amor intenso. 

Hermosa la raza de un sentir sencillo y honesto. 


Claudia Ballester Grifo


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