Tus ojos de centella pestañean su hermosura con la profundidad de un lago de fuego.
Esbelto rocín albo, agitas los vientos con tu galope alado.
Surgiste de la sangre de Medusa,
agonizaba ella en tu parto,
decapitada su cabeza para nacer Crisaor y Pegaso.
Fuiste el caballo de Zeus,
del Olimpo apreciado,
de los sueños de los niños
su alazán más deseado;
debo confesar el dibujo de tu alegría en mi dulce glosario.
Permite que me acerque,
que susurre a tu encanto,
que sea la que acaricie la nube de tu suave tacto.
Permite que sea amazona de tus lomos aterciopelados,
que trote con tus brisas,
cruce tus océanos;
Permite que una minusválida
corra huracanes,
se sienta poderosa,
por una vez... Alazán de dioses,
fuego del Olimpo,
ofréceme tu galope alado.
Claudia Ballester Grifo

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