Soñar el aire besando mis cabellos,
el sol acariciando mi piel traslúcida de encierro,
descubriendo de nuevo los olores que trae el viento,
aliento de eucalipto, salvia y romero.
Soñar pisar la alfombra de musgo
saltando las chaparras de garrote seco,
jugando al escondite de zumbidos,
pequeños insectos traviesos;
riendo el cielo quiños de nubes
corriendo.
Soñar que huelo los rebollones al desperezar su día abriendo el manto de su noche,
siguiendo su rastro de miguitas sembrando las huellas del silencio.
Soñar el rumor de olas de un tiempo lejano,
descubriendo la cama de orejones marinos,
maravilla de la naturaleza en la libertad de sus idas y venidas;
relegando sus orillas a vista de halcón, de imperiosa águila y aves marinas.
Soñar los campos de las lomas,
matices de oro y verde,
joya de la vida, tesoro del ciego o vidente;
solo se necesita el recuerdo de su impresión
muy grabado en la mente.
Soñar... Las mil voces de la vida mientras duermo en el tálamo de mi enfermedad y agonía,
pensando momentos de complicada tesitura,
sonriendo la puerta de un cuadro,
paso a la vida.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario