DEDICADO AL DÍA INTERNACIONAL DE LA ESCLAVITUD DEL NIÑO
Ojos de noche inmensa, sombría,
ventana abierta al hambre sin medida,
zozobra en la soledad absoluta,
tendiendo su manita al vacío,
al mordisco del frío,
del miedo aullando a la luna.
Labios de besos y dulzura,
pétalos rasos de ingenuidad,
puerta abierta al aprendizaje de la vida,
de escasa estatura,
niño del mundo,
ser parido en su día.
Ser querido, abrazado por una madre,
puntos de sutura;
la noche y su bruma.
¿Quién sabe?
La explosión clavó cristales,
sangró costuras en la piel de calle,
abrió zanjas de honda caladora.
Niños sin tutela,
desgarro de tal singladura
que lloran los ríos en su lamento,
grilletes que oxidan sonrisas.
Tinta sangrando sus venas,
los suspiros barriendo la falta de letra,
depredadores hambrientos que cierran sus bocas,
lamento de la inocencia,
melenas al viento corriendo la suerte de las estrellas.
Esclavitud de las risas.
Claudia Ballester Grifo

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