Ella soñaba con el sol cogido de su mano;
la luna riendo sus gracias nocturnas cuando asomada a la ventana hilvanaba estrellas para ceñir su cintura.
Ella soñaba recorrer las calles oscuras
cazando vampiros de terrores cercanos.
No eran mentiras las que se descolgaban por la ladera de sus expresiones,
eran terapias descubriendo un mundo de ilusiones.
Poderosa en sus manos pequeñas,
inventaba relatos de bocas grandes y oídos dispuestos;
a nadie dejaba indiferente.
Mentira... es mentira, decían algunos;
no hay vampiros recorriendo las calles dormidas
con el miedo estrujando sus corazones.
Ella los miraba con ojos de luna llena
mostrando las perlas de sus verdades
sin decir nada,
diáfana como el aire estudiando cada gesto al detalle.
Ella contaba historias,
ella redimida sus sueños,
curaba sus pesares.
Ella era una niña...
Un bello cuento de mil tardes.
Claudia Ballester Grifo

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