Acaricio tus lomos con esa fragancia que me embriaga,
dulce Romeo de mis fantasías en la almohada.
Anhelo tu aroma, confort en la noche estrellada,
en la intimidad del silencio,
bagatela en la estela de un mar en calma.
Me estremece tu escalada en la loma del agua,
descendiendo en un susurro de tinta,
sujeto a mi expectante mirada,
disfrutando de la sensualidad del roce de las gotitas de tu risa
conformando la ola que baila.
Escucho atenta la luz que ilumina mi curiosidad, mi sombra en el sendero de la letra escarlata,
lo prohibido en los sentidos,
ese nudo que bombea la sangre
hacia el palpitar del velo que se resbala.
Abro tu cuerpo, por la flecha señalada,
ávida de tus fantasías, aventuras por mi soñadas.
Deslizo mi dedo acariciando tu palabra,
buceando en tu océano, descubriendo las perlas de tu ostra nacarada.
Hueles a pergamino,
a tinta fresca recién dibujada,
alimentas mis ansias, me llenas del volcán con tu magma.
Me ries la inocencia de mi querencia con tus páginas amadas.
Soy la autora, la que cose tus hojas
en el perfil de mis mañanas,
tu amante, tu amiga;
la doncella del pañuelo mientras rindes tu valor y de rodillas le ofreces la espada.
Soy la lectora, sutil compañía buscando la intimidad de tu fragancia.
Eres el libro, manantial de fresca fuente que aprovisiona la sed de mi alma.
Claudia Ballester Grifo

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