Arrastrabas tus pies descalzos encaminando la huella del silencio para tus abluciones matinales.
Apenas clareaba el día y el despertador del hambre te hablaba desde lo más profundo de tu cuerpo de niña.
Se desperezaba la luna lamida su saya por los abrazos solares,
mientras te sentabas en los telares para hilvanar alfombras de pisar mullido vistiendo ricos hogares.
Tus dedos pequeños aprendieron a secuenciar imágenes y colores,
dibujabando con el alma sueños
de risas e ilusiones.
Eres el sustento de tus padres enfermos por el arsénico pudriendo su sangre.
Esencia de la India, aromas de mil encuentros,
sonrisas francas de arena y sol intenso,
castas miserables para los invisibles,
baños en el río de los lamentos.
Eres pequeña, ventana de ojos al cielo, eres un suspiro,
eres mar y viento.
Balada en las calles de chabolas y sufrimiento,
rosas de sangre, riqueza de los padres atentos a la prole que crece durmiendo acinados en el suelo;
ya solo quedas tú,
el más pequeño ruiseñor trinando en la fría fábrica, acalambrados los dedos,
resbalando una lágrima
sorbiendo el cansancio y la falta de sueño.
Claudia Ballester Grifo
ESPAÑA
21, abril, 2021

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