Lágrimas deshojan las margaritas,
en el suelo los charcos besando los tallos que acarician.
La primavera desenpolva su peluca de otoño,
caen las plumas de nidos viejos,
se deshace de lo añejo para cubrir de nuevos trinos un guiño de concierto.
Perlas de fluir manso,
cambiantes los pasos del milagro,
se perfila mayo florido,
regado por abril, acunado por los vientos de marzo.
La ventana de tus ojos alucinando,
mis gotas de lluvia por tu rostro navegando,
el timón en mi cintura,
tu gorra de capitán tripulando.
Ojos de nubes apagados,
exprimiendo su dulzura, marinero en mis mares titulado.
Dime, grumete,
adiestrado en el fuego de mis olas,
levantando mis velas,
viento en popa surcando estrellas.
Dime, mi niño
de luceros encendidos
de margaritas y coplas;
dime,
¿qué sientes al estrellar mi sal en tu boca?
Taciturno se viste el día,
el pícaro persiguiendo a sus ninfas.
El sol ladino pierde la combustión de sus risas
lamiendo los cuerpos de las nubes que lo sepultan.
Xanadu el color que traga el horizonte
escuchando el romance de las olas que le buscan.
Yinmn el azul del relámpago partiendo de cuajo el corazón de un sueño.
¿Es poesía?
Me dices bañando tu pupila en mi océano.
¿Es poesía? Insistes con el mentón temblando una hoja bailando con el viento.
Poesía, mi bien...
Poesía eres tú acariciando la piel de mi deseo.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario