Llegan los aires con grandes alas.
Abrazan el tiempo, anuncian ruegos y plegarias.
Son los espiritus que azotando las espuelas de sus cabalgaduras nos hablan.
Miran sus rostros, carne descarnada,
fatiga no olvidada, pero sí silenciada.
Se cubre el manto un sol fantasma.
Aparecen las primeras lágrimas.
Corremos todos huyendo de viento y agua, imposible protegerse del atropello que nos cala.
¡Qué estamos haciendo tan mal!
Mirando a través de la ventana, resguardada y en calma,
Viendo las burbujas abriendo sus bocas en las charcas.
No hay mano sabia.
¿Quién dirige esta comparsa?
Las autoridades sanitarias son las primeras que alzan sus manos asombradas.
De nada sirven los datos sin medidas aplicadas y a tiempo.
Seamos nosotros nuestra salvaguarda.
Mascarilla ajustada y homologada.
No nos la da el gobierno, errata muy temeraria.
Luego hablan de diferencias entre pobres y ricos para abrir refriegas vanas.
Todos encasillados sin proporción ni cabeza.
La policia, compañera de entrada y salida va en carrera.
No vamos bien, no hay médicos de familia ni especialistas que procedan.
Los laboratorios petados,
las colas de PCR de horas.
Cuatro padrenuestros y un rosario de perlas.
No se aplican los recursos y las aguas residuales se llenan de COVID nadando a la ligera.
No vamos bien y somos los primeros en muertos, en contagios y en picaresca.
Guardemos la casa y actuemos con cautela.
Vienen los resfriados y las fiebres y, el paracetamol tienta.
Si actuamos con criterio y con afán de ayuda, tal vez logremos más que con las leyes dispuestas.
Claudia Ballester Grifo.
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