lunes, 12 de octubre de 2020

MARIPOSA MONARCA




Quien ha visto volar a la mariposa monarca tiene la visión del otoño llorando su amarilla hoja. 

Cascada de bellos ocres que se desprende de su árbol, unidas en racimos para deshacerse en hermosas gotas. 


Solo cuando alcanza una temperatura óptima despierta de su letargo iniciando un ciclo que repite todos los años.

Levanta su vista recorriendo vastos espacios,

telarañas de color bebiendo de un rocio temprano. 

Vestidas de formal uniforme,

clonadas todas con elegancia y gran porte. 


Se encoge mi corazón ante tanta belleza,

abanica mi cielo el aleteo rítmico

de un baile que me fascina. 

Sigue el asombro de mis ojos la magia divina de algo que se nos escapa formando parte de nuestra vida. 

De retazos pequeños diseñamos la compostura de nuestros aciertos y aventuras. 


Cuando nuestra mirada se alza con sed de dulzura,

adivina en el castillo del aire un mundo de gallardía. 

No hay miedo, ni peligra la autoestima,

crecemos en la luz que nos guía. 

Cuando bajando la cabeza, el rostro se lava con agua cristalina,

son las manos blancas las que nos acarician,

nada, nada hace peligrar la perseverancía y la camaradería. 


Hagamos del carbón un diamante de valía,

ciegos, tontos y sordos... Lo que haga falta para encontrar la paz en la ayuda. 

Los brillos son espejismos de una ardiente arena que nos ciega,

deshidratados y apaleados por majaderías. 

Las lentejuelas caen, 

de verde prado visto mi alegría. 


Claudia Ballester Grifo

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