No puedo dormir. La noche me envuelve como una mordaza y tensa el calambre de mi sensibilidad.
Ya pasó la magia de la hora bruja.
El rojo de los cielos rasgó su velo negro y se difuminó en la arena del tiempo.
Manirrota y agotada protesta la parte maltratada de un alma que lucha por desprenderse del dolor que deshidrata su frescura.
Presa, muy presa oliendo la libertad que cruza el mar y se eleva por los barrancos de lo intrépido y la aventura.
Desespero ante el sueño que juega tocando mi paciencia, se ríe y se burla.
Huele a cacahuete, se muerde el silencio y mantengo la cortina de los párpados bajada y recatada, en espera de descender por el tobogán de un agujero negro.
Afloja el cuerpo, pero el cansancio lo mantiene atento.
Pasan las horas con su tic tac de lienzo,
dibujando en el techo un ir sin remedio.
Calma impuesta, preserva de un lamento.
Batir de alas, el roce de una pluma,
difusión de color ilusionando la quietud laxa sin reproche.
Tu espíritu llega. Espectral figura en el bancal de la luna.
Cerradas la puertas, transgresión de espacio, tiempo y mesura.
Quieta, muy quieta me embarga la dulzura.
Sonríen mis labios, sabiendo a fresa el néctar que se adivina.
Roce de un hálito, responde la energía que presta se acicala y baila en lenguas de ambrosía.
Se abre el cielo, dos almas abrazadas dibujan corazones en un pergamino con sello eterno y sabor a flores,
en la cama un colibrí de bellos colores
aletea su último suspiro,
brisa de mar, cielo y pasiones.
Claudía Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario