-¡Niño!
¿Dé donde vienes, hijo?
La camiseta traspuesta, oliendo a licor de relleno y trastabillando la acera.
- ¡De fiesta! Que no se puede, doña,
pero tiran las ganas y más con la prohibición a cuestas.
-¡Chiquillo! Mal de muelas te diera por cada muerto que te llevas.
Inconsciente y temerario, sin pensar siquiera. Nacido de una madre que un abuelo te quiera.
-¡Doña¡ La fiesta es la fiesta. Las redes reúnen y la botella acierta.
La mascarilla molesta y la distancía se acerca. Sin querer evitarlo, el arrimo y la juerga.
- Hijo parido por el grito de una madre dispuesta. Carne de su carne, padre de futuras flores que se proyectan.
Eres gota de un sunami que se lleva esperanzas, vidas y apuestas.
Desmayado cae el niño besando la acera.
El teléfono de la alarma se dispara y, presta, la ayuda llega.
Con mascarilla y protocolo en volandas se lo llevan.
Uno entre muchos, pocos entre los jóvenes con belleza.
Pena me da, me da pena.
Claudia Ballester Grifo

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